 | Un equipo que le permite obtener la licencia federal de armas de fuego (FFL), con lo cual podrá adquirir su armamento y piezas de recambio a precios mayoristas y con descuento.
Desde que el hombre empezó a hacer uso de su inteligencia, también comenzó a utilizar las armas. Poco a poco, a lo largo de la edad de piedra las armas evolucionaron hasta que se desarrollaron tecnologías que esencialmente seguirían siendo empleadas hasta la aparición de las armas de fuego: el arco y la flecha, la lanza y el escudo.
El desarrollo de las diversas tecnologías asociadas con la metalurgia fue proporcionando mejores aleaciones para fabricar un mejor armamento. También el desarrollo de las fuerzas militares contribuyó en gran parte al avance de algunos imperios; los persas, por ejemplo, desarrollaron tácticas muy efectivas relacionadas con el empleo de carros de caballería, empelados en Asia Menor desde la época de los asirios.
Los romanos también desarrollaron una maquinaria militar muy efectiva, y la disciplina de sus tropas era tal que incluso frente a rebeliones como la de Boadicea en las colonias británicas, pudieron ser suprimidas gracias a ese funcionamiento organizado. Con el tiempo surgieron las ballestas, luego las culebrinas y las primeras armas de fuego, los arcabuces, mosquetes, rifles, y por último, las armas automáticas.
El armamento es tan inherente a la humanidad como lo es la escritura y la religión; no es posible ni tampoco razonable eliminarlo, dado que forma parte de la naturaleza humana. Por supuesto, es necesario controlar que las armas no caigan en manos de terroristas, enfermos mentales o criminales, pero la pretensión de prohibir el armamento con la idea de pacificar de alguna forma a la población es tanto peligrosa como ridícula, en primer lugar porque convierte, literalmente, a los ciudadanos en ovejas.
Nosotros no creemos en la guerra, pero tampoco en la sumisión absoluta; el ser humano es un animal cazador, y eso lo dice todo. Si la población está armada, un país está mejor defendido, los criminales saben que se arriesgan más al intentar asaltar una vivienda, y también los gobernantes con designios autoritarios saben que la población va a poder defenderse de ellos si fuera necesario.
Se afirma persuasivamente que dado que en países como los Estados Unidos o Brasil hay un gran número de crímenes violentos, las armas deberían prohibirse. Pero en países como Canadá y Suiza la gente puede adquirir un gran número de armas y de hecho, la gente las conserva en sus hogares y nada sucede, no hay asesinatos violentos en masa, ni los ciudadanos andan por ahí asaltando bancos.
Esto prueba que el argumento de que es necesario desarmar a la población para conservar la ley, el orden y la paz, es falso y solamente puede ocultar o segundas intenciones, o el fracaso de las autoridades y su incapacidad para resolver los problemas por su cuenta.
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