 | Sitio sobre el Kung Fu y las artes marciales en general.
Usar la fuerza para defenderse en caso de que la supervivencia esté en juego a causa de la amenaza de otros es algo imposible de evitar: la defensa personal implica un uso de la fuerza en todos los casos. Pero defensa personal no significa uso de nuestra propia fuerza para defendernos, al menos no en todos los casos y no principalmente.
Esto significa que no es verdadera la ecuación 'cuanto más fuerza tengamos, mejor nos podremos defender', sino más bien 'cuanto mejor utilicemos la fuerza, mayores serán nuestras probabilidades de defensa'. La 'fuerza' es tanto la fuerza de nuestros músculos, como de nuestra voluntad, del adversario o atacante, de los objetos que nos rodean, de nuestra inteligencia, etc., etc.
Lograr únicamente con el uso de la palabra el iniciar una pelea o combate (sobre todo cuando estamos en desventaja evidente) es un claro ejemplo de un uso adecuado de la fuerza (en este caso retórica) para la defensa personal.
Lo importante, entonces, no es tener fuerza, sino saber administrar, dominar, aplicar, dirigir, aprovechar la fuerza que esté disponible para nosotros en un momento determinado, aplicándola de tal forma que nos favorezca. Esto lo da la técnica, el estilo, los reflejos, las capacidades intelectuales (inteligencia, sabiduría, etc.) y finalmente, la experiencia (la suma de casos prácticos que nos enseñan a prever acontecimientos futuros, considerándolos como similares a los ya vividos).
Muchas artes marciales, tales como el judo, enseñan esto. Aprenderlo es difícil, pero no imposible.
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