 | Libros electrónicos de alta calidad relacionados con la auto ayuda, la motivación y el mejoramiento de la calidad de vida. José Ortega y Gasset, el famoso filósofo español dijo alguna vez que la Argentina no se equivoca más que otros países, sino que se equivoca antes, y quienes tienen la peculiar suerte de conocer el país sudamericano pueden observar hoy en día como esas palabras se han tornado proféticas pues sí, la Argentina ha demostrado cometer los errores que ahora se ven en Europa y los Estados Unidos hace décadas. Y le resultado de esos errores es lo que la Argentina es ahora.
La ineptitud gubernamental para lidiar con el huracán Katrina, las constantes reestructuraciones que no conducen a nada más que un mayor desempleo, las medidas económicas supuestamente liberales que terminan diezmando la economía de un país, la demagogia, y hasta la provocación de guerras por fines electoralistas son todas cosas que el conocedor argentino ya ha visto, y no puede dejar de ver pasmado como los aparentemente invencibles titanes del primer mundo se zambullen en el mismo marasmo de necedades.
Y una de las cosas precisamente - a raíz de esto - contra las que tenemos que advertir es el espíritu de 'sentar cabeza' que desarrolla mucha gente llegada cierta edad; Si se sienta cabeza y se empieza a depender de la sociedad, de un empleo en relación de dependencia, de una jubilación, pasará lo mismo que en la Argentina: En un par de años, con este tipo de medidas y actitudes, ya no quedarán ni pensiones ni jubilaciones. En el país sudamericano, mucho más avanzado y rico que la mayoría de los europeos en 1945, la cosa empezó con reducciones paulatinas en los servicios, con cortes de servicio, contratos dudosos, y las mismas cosas que están pasando en el que se jacta de ser el primer mundo.
El que siente cabeza, en un par de años le va a estar haciendo compañía a los argentinos, pues en un sistema social como el que se está planteando tras la caída del comunismo y gracias a la tan mentada globalización, pronto no va a haber lugar para los débiles, los debilitados o quienes no tengan la ambición de pasar por encima de los demás.
La aldea global es en realidad una favela global, donde todos los trabajadores ganarán lo mismo y consumirán lo mismo, sin distingo entre culturas y naciones, y creyendo cada embauque emanado de las mentes de presidentes y primeros ministros.
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