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Los árboles pueden cumplir a veces funciones de lo más extrañas, y nos pueden ayudar a comprender algunas cosas de nuestro planeta: a mediados del siglo XIX se empezó a hallar la base de troncos fosilizados (llamados 'tocones') en Nueva Escocia. Con el paso del tiempo, los exploradores y paleontólogos notaron que estos troncos, que corresponden al período carbonífero medio (hace unos 310 millones de años), habían estado ahuecados durante la vida de los árboles, y el material que les rellenaba, consecuentemente, se había depositado más adelante.
Hay que recordar que es en el período carbonífero (360 - 286 millones de años) donde se formaron vastos depósitos de materia orgánica ahora carbonizada y que el hombre utiliza como combustible. El mundo estaba por aquel entonces cubierto de zonas boscosas, muy densas, en las que ya empezaban a aparecer algunas familias animales y vegetales como las que conocemos hoy en día. Las coníferas constituyen un ejemplo.
Pero estos hallazgos llevaron a los científicos a realizar investigaciones sobre esta sección de los vegetales fosilizados, y allí se pudo hallar una gran variedad de pequeños fósiles, muy bien conservados, y que de otro modo nunca hubieran llegado hasta nuestros días, principalmente por su fragilidad. Estos árboles llamados 'Sigillaria' cubrían grandes extensiones del terreno en aquella época, formando bosques de gran tamaño.
Al parecer, estos árboles al morir, caían al suelo cortándose los troncos por su base, y por esa razón quedaban los tocones. Estas zonas boscosas sufrían inundaciones periódicas, por lo que los troncos huecos fueron llenándose de sedimentos poco a poco, hasta que se convirtieron en masas consolidadas, bastante resistentes una vez que dichos sedimentos se secaban y perdían el agua que les acompañaba por evaporación.
Pero mientras tanto, los troncos huecos funcionaron como trampas de caza, y muchos animales pequeños cayeron dentro y no pudieron salir; también se conjetura que algunos de estos animales podrían haberse aprovechado de estos troncos, precisamente para cazar con facilidad sus presas. Lo importante de estos hallazgos es que el inusual método de captura y fosilización, provocado por la presencia de estos árboles muertos, nos ha permitido conocer especies animales que de otro modo hubieran pasado por alto la vista de los investigadores.
Entre otras, se hallaron dos especies sumamente importantes en la historia de la evolución de la vida, llamadas 'Paleothyris' y 'Hylonimus'.
La importancia de estos animales es que se trata de los reptiles más antiguos que se conocen, de los cuales nosotros también descendemos lejanamente.