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Las artes marciales se vinculan con una filosofía y conducta que son particulares, pero también con la supervivencia en el combate cuerpo a cuerpo y evidentemente, la defensa personal, en algunos casos con armas, generalmente exóticas, y en otros, sin ellas. En materia de defensa personal los humanos hemos desarrollado a lo largo de siglos muchas técnicas diferentes, pero lo que no hemos hecho puesto que para ello deberíamos sufrir mutaciones y cambios evolutivos, es desarrollar características corporales destinadas a la autodefensa.
Los animales edentados o 'Xenarthra' que aparecieron a finales del paleoceno (66,4 - 55,8 millones de años, inmediatamente después del evento K-T que liquidó a los dinosaurios), constituyen un grupo de especies de mamíferos que incluye a los armadillos y osos hormigueros, entre otros. 'Xenarthra' significa algo así como 'articulaciones extrañas', y se refiere a algunas articulaciones suplementarias existentes en la columna vertebral de estos animales, los cuales también se caracterizan por ser edentados, es decir, porque sus dientes han quedado minimizados gracias a la evolución.
Los armadillos en particular (familia 'Dasypodidae') aparecieron durante el oligoceno ( hace 38,6 - 23,7 millones de años) y el mioceno (23,7 - 5,3) y se caracterizan por la armadura o caparazón que recuerda a las tortugas, y que les cubre casi todo el cuerpo. Pero los armadillos más curiosos fueron los gliptodontes, que alcanzaron dimensiones enormes - como un pequeño automóvil - hacia el plioceno (5,3 - 1,6) y el pleistoceno (desde hace 1,6 millones de años hasta casi la actualidad).
Estos animales de casi dos toneladas de peso poseían armaduras corporales que representaban la cuarta parte de su peso total, y además, tenían una especie de masa ósea con cuernos en la cola, la cual con seguridad complementaba su arsenal defensivo en contra de los depredadores, que por esas épocas y en la región eran los felinos y marsupiales dientes de sable, dos grupos que evolucionaron por convergencia genética hacia formas muy similares, aunque poco tenían que ver entre sí. Los gliptodontes también evolucionaron sus defensas convergentemente, como en el caso de los ankilosauridos, uno de los últimos grupos de dinosaurios que evolucionaron antes de su extinción casi total (los pájaros son dinosaurios), y que poseían sistemas de defensa similares a los de los gliptodontes, sin estar para nada emparentados desde al menos, fines del período pérmico (286 - 245), cuando a partir de los reptiles primitivos se dividieron varias familias, incluyendo a los dinosaurios y los antecesores de los mamíferos.
Cuesta imaginar la potencia de un contraataque de un gliptodonte furibundo, con dos toneladas de peso y semejantes armas para el combate.
Buenos ejemplares fósiles de estas especies ya extintas pueden apreciarse en el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de la Plata, en la ciudad homónima de la provincia de Buenos Aires, en Argentina, y también en el Museo de Historia Natural Bernardino Rivadavia, en la ciudad de Buenos Aires. Estos dos museos se pueden contar entre los mejores del mundo en materia de paleontología, así que le recomendamos visitarlos si tiene la oportunidad.
Es interesante ver de qué manera la naturaleza lleva a algunos animales a desarrollar sus propios mecanismos de defensa corporal.