Un sitio que describe cómo enseñarle a tu perro a ir al baño donde debe, y no en cualquier sitio.
Algo que tras una primera impresión puede ser gracioso, pero que en la paleontología tiene mucha importancia es el estudio de la materia fecal fosilizada de los animales ya extintos. Estos son en sí restos fósiles a los que se conoce con el nombre de 'coprolitos' y pueden resultar sumamente instructivos para conocer la dieta de una animal en particular o una especie.
Los coprolitos son bastante difíciles de hallar pues en general, lo que se fosiliza es la osamenta de los cuerpos en descomposición. Los tejidos blandos y el contenido del tracto digestivo por lo general desaparecen.
Por otra parte, tras millones de años ciertamente un coprolito no tiene el aspecto original, por lo que hay que poseer una mirada entrenada para poder distinguirlos. Pero se han encontrado coprolitos de numerosas especies en muchísimos viajes de exploración en búsqueda de fósiles, y estos han arrojado importantes e interesantes datos sobre la vida de muchos animales de todo tipo.
Incluso se han encontrados coprolitos propios de especies herbívoras en cuyo contenido se hallaron especies vegetales semi digeridas de las cuales no se han encontrado otros restos. Es decir, lo único que se conoce de ellas es lo que se ha podido estudiar a través de esos coprolitos.
También se han podido identificar enfermedades, bacterias y hasta parásitos que tenían estos animales; en algunos casos esta información ha servido para complementar aspectos ya conocidos, pero en otros y nuevamente, lo que se pudo hallar fue totalmente novedoso. De algo tan simple y prosaico en apariencia como un coprolito, también se pueden conocer los cambios estacionales en la vegetación - de manera comparativa - las migraciones posibles de estos animales y muchas cosas más.
Muchas veces, este tipo de fósiles se estudian nueva y reiteradamente, de forma periódica, puesto que a medida que se van investigando otros hallazgos, surge la necesidad de efectuar análisis comparativos que llevan a nuevos descubrimientos.
Y hubo un caso en el que al menos, unos peregrinos en los Estados Unidos se los comieron creyendo que era algo así como maná del cielo, aunque en aquel caso no se trató de material petrificado, sino que era algo más reciente - de unos 43.000 años - y dejado por unos roedores. Cuando fue hallado por los peregrinos, tenía el aspecto y consistencia de una melaza, y dado que estaban hambrientos, se comieron el manjar, con algunos resultados gástricos más bien desafortunados para ellos.
Todo esto puede parecer difícil de creer, pero es cierto; hay científicos que se pueden pasar años mirando a este producto fosilizado del intestino de algún dinosaurio en busca de información de lo más variada.
Así que frente al próximo encuentro con un coprolito, ya lo sabemos: no es lo mismo que la obra maestra que nos acaba de dejar el perro.
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