Mañana la gran cita con marte: el Curiosity va a "amartizar". De paso, recomiendo
, donde se detallan las "invasiones" de la Tierra a Marte (al revés que lo que se dice en las malas peliculas de ciencia ficción
) la mayoría fallidas. Dejo de este artículo a continuación un extracto con una importante afirmación que me sorprendió, aunque muchos no quieren aceptarla, y es que EN MARTE HAY VIDA, algo que puede haber sido probado hace 36 años ya con las primeras Viking, pero que puede que se constate totalmente en el futuro cercano con el Curiosity:
"Las Viking aterrizaron en dos puntos separados más de 6.400 kilómetros. Tomaron muestras del suelo marciano y depositaron sobre ellas una solución de nutrientes marcados con carbono-14, un isótopo radiactivo. De existir microorganismos, estos metabolizarían la comida, exhalando dióxido de carbono radiactivo como consecuencia de su digestión. Los instrumentos detectaron la presencia de este gas radiactivo en todos los casos. Para descartar que el fenómeno no se debiera a un proceso biológico, se calentaron muestras hasta 160 grados centígrados, y se repitió el proceso. El suelo no producía gas, presumiblemente porque los microorganismos habrían muerto por el calor.
A pesar de estos resultados, la NASA descartó la posibilidad de vida debido a que otros aparatos fueron incapaces de detectar materia orgánica. El chasco fue monumental. “Los resultados del experimento LR fueron rechazados”, cuenta Levin, quien aceptó en principio la decisión de la NASA por prudencia. Hasta que en 1997, y tras numerosas investigaciones, cambió de parecer. Por una parte, explica, el cromatógrafo de la clase que llevaba la Viking para encontrar materia orgánica empezó a fallar en numerosas pruebas realizadas aquí, en la Tierra. A veces era incapaz de detectar restos orgánicos en muestras de suelo repletas de bacterias. Sin embargo, eso no ha sucedido con el experimento LR, el cual ha pasado elegantemente todas las pruebas. “Ningún otro ha logrado duplicar los resultados positivos del LR, salvo con microorganismos vivos. Lo hemos ensayado miles de veces, antes de la misión de las Viking y después, y en ninguna ocasión obtuvimos un fallo positivo o negativo. Si los microorganismos estaban ahí, el LR los encontró”. Levin no lo duda. Su técnica funciona tanto en Marte como en nuestro planeta. De haberse realizado en 1976 en la Tierra, “nadie nos habría disputado el hecho de que habríamos encontrado vida”.
Desde entonces, este experto, que trabaja en el Centro Beyond de la Universidad de Arizona junto con destacadas figuras científicas, como Paul Davies o Lawrence Krauss, está convencido de que si la Curiosity no se estrella mañana –le da un 50% de posibilidades de éxito–, el rover apoyará sus conclusiones. “Lleva un sistema mucho más sensible para rastrear materia orgánica. Tiene un láser que vaporizará una muestra de roca, y otros láseres realizarán análisis espectrográficos. Ellos [en referencia a los responsables de la misión] tienen una oportunidad excelente para encontrar materia orgánica. Estoy seguro de que la detectarán en cantidades suficientes como para justificar los microorganismos que nosotros encontramos en 1976”.
A Levin no le importa sentirse casi como un hereje, en contra del consenso científico. Eso le carga de polémica. “La tectónica de placas tardó más de cuarenta años en admitirse”, dice. Su elegante experimento de nutrientes marcados dio entonces mucho que hablar, pero la atención del mundo se desvió hacia otros aspectos más mundanos al certificar la ciencia que Marte era oficialmente un planeta baldío. Por entonces, los científicos interesados en estudiar la vida en otros planetas –los exobiólogos en suma– no eran legión. Fueron apartados de golpe. Sin embargo, esta historia ha cambiado gradualmente. El descubrimiento de que muchos microorganismos son capaces de soportar ambientes terribles –hay bacterias capaces de vivir en el interior de los reactores nucleares, resistiendo dosis letales de radiación, o bajo el hielo antártico– ha convencido a la NASA de que Marte tiene un pasado –y quizá un futuro– para la vida. Es un mundo muy rico en hierro, aunque en estado de chatarra. Y el hierro, según han puesto de manifiesto las investigaciones del científico español Ricardo Amils y su equipo en Minas de Riotinto (Huelva), es también una fuente de energía para determinados microorganismos capaces de vivir en ambientes totalmente desprovistos de oxígeno. La exobiología se llama ahora astrobiología. “Marte es el planeta más fascinante de nuestro Sistema Solar, aparte de la Tierra, precisamente porque tiene las mejores probabilidades de haber albergado vida en el pasado”, recalca en un correo electrónico el excelente planetólogo James Kasting, de la Universidad de Pensilvania en Estados Unidos. “Esa es la razón del interés de la NASA”.
La mayoría de los expertos creen que la vida en la superficie marciana es muy improbable. El planeta está oxidado, bañado por dosis letales de rayos ultravioleta, no hay agua líquida precisamente por lo enrarecido que está el aire marciano (la presión atmosférica allí es cien veces inferior a la de la Tierra). Argumentan que es preciso excavar quizá decenas de metros en el suelo marciano para tener alguna posibilidad razonable de encontrar vestigios fósiles, y quizá –solo quizá– alguna forma viva. Pero esa tecnología queda lejos. Marte se nos escapa. Disponemos de sensores capaces de detectar moléculas y un asombroso poder de computación, pero la presumible vida marciana se escurre entre los dedos. La evolución tecnológica acontecida en las tres últimas décadas no nos ha permitido responder a los interrogantes que dejaron las Viking. ¿Por qué no repetir los experimentos de detección directa usando una tecnología mucho más sofisticada? ¿Por qué no ir al grano?
“Es la pregunta clave”, responde Levin. Y suelta la bomba. “Se la he formulado a los oficiales de la NASA muchas veces. Y la única respuesta que me han dado fue: “Nos quemamos los dedos con las Viking, ya que tus experimentos nos proporcionaron una respuesta ambigua. Y nos tememos que si vamos con otro experimento de detección de vida, podríamos obtener otra respuesta ambigua, y eso ocasionaría un gran daño a nuestro programa”. Para Levin, la actitud de la agencia espacial es contraria a la ciencia. Es mucho más política que científica. Es como si la NASA no quisiera pillarse los dedos otra vez, escarmentada con el patinazo del famoso meteorito marciano ALH84001, presentado por el presidente Clinton como una evidencia de vida alienígena que no fue ratificada después. Las Viking, insiste Levin, dejaron un capítulo abierto a seguir.“Tienes que duplicar los experimentos para expandir la base del conocimiento. Pero ellos nunca lo han hecho”.
La NASA espera traer algún día muestras de roca y suelo marciano a la Tierra para zanjar la cuestión, pero Levin se muestra muy crítico; como un auténtico outsider, al que le dan la razón al menos un puñado de astrobiólogos, afirma: “Si hay microorganismos marcianos, sería muy imprudente traerlos aquí. No sabemos si serán peligrosos. Demostramos que si encerrábamos suelo marciano en una caja durante dos meses, su actividad se esfumaba. Traer una muestra a la Tierra requiere al menos nueve meses de viaje. No sabemos qué temperatura o pH tendríamos que mantener. Lo más probable es que los microorganismos llegasen ya muertos, por lo que no sabríamos si hay o no vida en Marte”.
A pesar de todo, la Curiosity podría desvelar un misterio que no se encuentra en la superficie, sino sobre ella. En una novela policiaca, este enigma podría llamarse el caso del metano misterioso. El gas ha sido detectado por la Mars Express. Los volcanes producen metano, pero en Marte todos están apagados. ¿De dónde diablos procede este metano? Los cálculos sugieren que en Marte, el metano atmosférico no podría durar mucho: se oxidaría a los trescientos años. Las mediciones indican que la cantidad de este metano varía con las estaciones marcianas y con la latitud, así que debe de existir una fuente que está reemplazando el metano que se pierde. En la Tierra, las bacterias producen grandes cantidades de este gas. James Kasting está muy interesado en el problema. La Curiosity tiene un cromatógrafo de gases “capaz de medir el metano a niveles muy bajos”, explica. “Y eso podría tener implicaciones en el caso de que Marte tuviera algún tipo de vida subterránea”. Pero Kasting se muestra muy cauto al respecto. La posibilidad existe, pero también es factible explicar la presencia de este gas sin acudir a la presencia de la vida.
Para Agustín Chicarro, la Curiosity no va a cerrar la cuestión de la vida en Marte. El misterio seguirá, ya que hay posibilidades de que “exista agua líquida bajo la superficie. Hasta que no vayan probablemente seres humanos allí, tal vez sea difícil determinar si la vida en Marte existió o se refugió en lugares concretos”. Lo cierto es que este mundo no ha perdido ni un ápice de magnetismo. Conserva intacta la capacidad de sorprendernos ocultando un poco más sus secretos.
Fuente:
http://sociedad.elpais.com/sociedad/201 ... 63551.html