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La falta de criterio puede detener a una planta nuclear

07/02/2010

La falta de criterio puede detener a una planta nuclear

Hace algunos días la presencia de dos hombres armados y vestidos con prendas miméticas cerca de una instalación nuclear conocida como Panex, en Armadillo, Texas, Estados Unidos, provocó una alerta y el cierre de la misma hasta que se realizara una investigación.

Fue un evento que causó un buen susto pero todo quedó en nada puesto que se constató que los dos cazadores eran dos empleados de la planta nuclear, y que estaban cazando legalmente, con permiso del propietario de esas tierras y a unos tres kilómetros de las instalaciones en cuestión. Estas personas no estaban haciendo nada de por sí incorrecto, legal mente hablando pero encontrándose en un terreno colindante con el de la planta y a campo abierto, ¿estaban procediendo correctamente?

Lo primero que se puede decir es que pese a haber sido una falsa alarma, las autoridades de la planta nuclear actuaron de forma prudente: hasta que no se sepa cual es el peligro real que se enfrenta, es mejor actuar con cuidado. Más vale actuar con cuidado que tener que lamentar consecuencias mucho más graves que un inconveniente técnico.

Pero por otra parte, lo que hay que decir es que el hecho de haber actuado legalmente no va a salvar a esos empleados de las consecuencias: en primer lugar sus jefes no olvidarán con facilidad que a causa de ellos tuvieron que cerrar la planta por un tiempo, con las consiguientes y cuantiosas pérdidas económicas que ello implica. En segundo lugar, de personas que trabajan en tales instalaciones puede o debería esperarse un criterio de prudencia más acabado. Como mínimo deberían haber avisado a los encargados de seguridad de la planta acerca de sus intenciones.

Puede que tres kilómetros parezca una distancia demasiado grande como para interpretarla como hostil. No se podría afirmar que alguien está merodeando alrededor de una casa si se encuentra a tres mil metros de ella. Sin embargo, el caso de una instalación nuclear es distinto: si se tiene en cuenta que muchos misiles anti tanque existentes en la actualidad poseen un radio de acción cercano a esa cifra o aún mayor en algunos casos, y que un arma de tales características sería ideal para causar pánico, aún si elementos vitales de la planta no podrían ser afectados por un impacto de un proyectil de esas características, tres kilómetros ya adquieren una dimensión diferente. Una distancia de tres kilómetros podría considerarse como una ubicación cómoda como para lanzar un arma de alto poder destructivo sin que el operador se arriesgue demasiado a ser visto.

Esto muestra la diferencia entre un simple empleado y un líder, aún para el caso de empleados que detentan una buena posición en su lugar de trabajo. Nuestra cultura hace que el simple empleado sea una especie de máquina humana que realiza tareas que todavía no pueden cumplir los robots y las computadoras; el precio por esa obediencia es la falta de decisiones inteligentes. Esto no quiere decir que los empleados sean tontos, sino que han sido domesticados y convertidos en individuos incapaces de ver más allá de sus cubículos. De los empleados debe esperarse más, pero también de sus jefes que no deben reducirlos a actuar como si fueran maquinaria.

Esos empleados no avisaron a nadie acerca de sus intenciones porque sencillamente no lo pensaron, no creyeron que era necesario pese a que trabajan en un ambiente de máxima seguridad. Es decir, no han incorporado a la seguridad como parte de su propia forma de actuar; cuando van a su trabajo actúan como Homero Simpson, no piensan, y no lo hacen porque nadie se los pide.

Es más: la gente que se dedica a actividades al aire libre que pueden implicar alguna clase de riesgo, como cazar, escalar, navegar, etc. debe comunicar siempre a alguna persona sus intenciones, por si le sucede alguna clase de accidente. Así que en el caso de estas dos personas que además de ser empleados en una planta donde la seguridad debe ser parte de la conducta personal, semejante omisión es difícil de perdonar.

Fuente: Pablo Edronkin, Andinia.com.

Sugerencias adicionales:

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