P. Edronkin

Las contradicciones de grupos como Hamas



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Dentro del mundo islámico han aparecido algunos grupos que muchas veces son sindicados por diversas naciones y organizaciones internacionales como grupos terroristas, pero estas organizaciones cuentan también con facetas políticas y sociales que junto con la propuesta de lucha armada, principalmente en contra de Israel, Estados Unidos y a veces, las naciones occidentales en general o los propios gobiernos musulmanes de diversos países islámicos, atraen a una gran cantidad de seguidores, como en el caso de Hamas.

Esta organización es una fuerza paramilitar que se fue gestando paralelamente a la de la autoridad palestina, y cuyo objetivo declarado es luchar contra el estado de Israel. Es también una organización política que cuenta con representación en el parlamento palestino y ha formado un gobierno, y una entidad que brinda diverso tipo de apoyo y acción social para el pueblo de Gaza y Cisjordania.

Como sabemos, existe una disputa entre Israel y los palestinos por estos y otros territorios, la cual es generalmente violenta. Organizaciones como Hamas se nutren del descontento de los palestinos por lo que ellos entienden que Israel les hace, y a causa de la pobreza y la falta de oportunidades que enfrentan. La cuestión es que independientemente de si los reclamos palestinos son válidos o no cabe preguntarse si específicamente la estrategia de estos grupos basada en la acción de resistencia armada como le dicen ellos, o terrorismo, como se le califica con frecuencia fuera de Palestina, tiene éxito.

Actualmente, la mayor parte de la población palestina sobrevive en la pobreza y cada vez más se acerca hacia ella una crisis humanitaria al mejor estilo de Biafra o Etiopía. Desde el punto de vista bélico han logrado causar daños a Israel, que responde de manera implacable a los lanzamientos de cohetes, atentados, etc. destruyendo cada vez más la infraestructura palestina, matando gente y dañando su economía, y todo mientras la población israelí continúa viviendo prósperamente: es un hecho - por la razón que sea - que se vive mejor en Israel que en cualquier nación musulmana, sin excepción. Los recientes hechos de violencia que han causado un ataque Israelí sobre el Líbano y sobre Gaza, profundizando la destrucción y mostrando que a las fuerzas armadas de Israel no les tiembla la mano a la hora de dar curso a una retaliación implacable indican algo claramente: que si bien las acciones de las organizaciones como Hamas causan daño a su adversario, el daño que le causan a su propio pueblo es aún mayor, y que dadas las circunstancias y la cada vez más probable crisis humanitaria que podría iniciarse allí, habría que ver si no resulta más conveniente negociar que combatir.

Atacar militarmente a Israel ha sido siempre un pésimo negocio cuyos resultados pueden observarse en la pobreza y miseria que caracterizan a la vida en Palestina y en otros sitios similares. Pero tomando los antecedentes históricos de Egipto y Jordania, naciones musulmanas que negociaron tratados de paz con Israel, se puede ver que por medio de la diplomacia han obtenido lo que nunca hubieran logrado por medio de las armas. Los israelíes pueden resultar más o menos victoriosos en sus batallas, pero si algo queda claro es que habiendo ganado cinco o seis guerras desde 1948 es muy poco probable y en cualquier caso, excesivamente costoso, combatir contra ellos con algún éxito. Es decir, si el pueblo palestino o Hamas realmente piensan obtener algo de sus vecinos, deberían considerar la vía diplomática en vez de la violencia porque en términos prácticos siempre terminan perdiendo cuando deciden luchar contra Israel. Puede resultar satisfactorio para algunos infligir daños en algún asentamiento judío, volar por los aires un autobús, o lanzar algunos cohetes, secuestrar un soldado o apuñalar a un colono; pero la respuesta israelí siempre ha sido feroz y calculada para producir un daño aún mayor.

No es cuestión de continuar con sentimientos nacionalistas o religiosos, sino que las autoridades y los líderes palestinos, si realmente se preocupan por su gente, deberían pensar en utilizar la vía que históricamente se ha mostrado como la única efectiva para que las naciones musulmanes puedan obtener algo de Israel, y tal vía es la negociación. Los israelíes, desde la época de Salomón, siempre han pensado que para protegerse necesitan contar con una fuerza militar poderosa y fríamente capaz de causar tanta destrucción como sea necesaria para lograr sus objetivos.

Hay dos posibilidades en torno al futuro de esta cuestión: o abandonan la lucha armada los israelíes, o bien las organizaciones paramilitares palestinas. Los primeros no tienen ni razones ni el estómago vacío como para hacerlo: tarde o temprano, las condiciones de vida y la miseria imperante en Palestina va a provocar que el realismo prevalezca y la lucha armada, por más romántica que le pueda parecer a algunos, tenga que cesar por cuestiones prácticas. La resistencia, como le llaman los oponentes de Israel, solamente está consiguiendo agotar y destruir a su propio pueblo, y eso les hace más responsables que incluso a sus propios adversarios por el sufrimiento del pueblo palestino.

En la práctica, hasta los gobiernos árabes se están cansando de este tipo de organizaciones: la propia autoridad palestina no apoya a Hamas en su lucha contra israel, y varios gobiernos musulmanes, como los de Egipto, Jordania, Arabia Saudita y Kuwait ya han manifestado su descontento con las acciones de estos grupos que consideran como peligrosos, así que solamente se puede esperar que los resultados serán cada vez peores para ellos y quienes los apoyan.

Por supuesto que se requiere de valentía para pelear, pero se requiere aún de más valentía para dejar de hacerlo, porque la valentía sin resultados es simplemente estupidez.




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