P. Edronkin

Terrorismo e hipocresía



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Una de las cosas a las que hay que sobrevivir en cualquier clase de acción del terrorismo es al conjunto de consecuencias políticas de cada uno de estos hechos. El terrorismo es una forma de hacer la guerra pero es vista como un simple hecho criminal por muchos y esto hace que la respuesta bélica por naturaleza que le deben dar los estados para prevalecer, rápidamente se vea cuestionada porque el público ve a estas cosas como hechos relativamente menores a un conflicto armado, es decir, como hechos criminales.

Y así como la distancia a un campo de batalla es directamente proporcional al jingoismo y el chauvinismo, también lo es con el la doble moral aplicada a los hechos terroristas, porque desde la distancia es muy fácil juzgar a los que sufren esos ataques y la manera en la que responden. Por supuesto, esto no debe servir como excusa para justificar el barbarismo o las respuestas excesivas por parte del estado, pero se debe entender el contexto en el que se producen dichos hechos antes de juzgarlos.

Hay ciertos casos como el de la respuesta de los israelíes a los ataques terroristas que sufren, o las campañas de exterminio de grupos terroristas en Argentina y Chile, y ahora también, la guerra contra el terrorismo de los Estados Unidos que resultan altamente cuestionables en muchos aspectos, pero que tomados casi como cliqués, estos eventos producen conclusiones superficiales y tontas.

Los israelíes responden con mucha fuerza frente a cada ataque; eso es cierto. Usan métodos de tortura, incursiones y otras técnicas represivas; pero hace falta ver la historia para comprender lo que sucede allí: los musulmanes en general juraron hacer desaparecer Israel tan pronto como surgió, y no nos olvidemos de hechos como el secuestro de los atletas judíos en Munich, en 1972. Estos hechos sucedieron mucho antes que el inicio de las campañas represivas de Israel, como en el Líbano, en 1982. Los israelíes son responsables de lo que hacen, por supuesto, pero no se les puede juzgar como únicos autores de la violencia allí porque la historia muestra claramente que no fueron ellos los que comenzaron el conflicto.

En el caso de la Argentina y Chile, las violaciones a los derechos humanos comenzaron también mucho antes de que los militares tomaran el poder en ambos países; esos hechos están amplia y sobradamente documentados, pero parece que el interés político consiste solamente en juzgar a los militares y hacerlos históricamente responsables de lo que sucedió. No es así, tampoco fueron ellos quienes comenzaron con semejante batahola, y la verdad es que después de que ellos hicieron lo que hicieron, se acabó el terrorismo en el cono sur.

Los norteamericanos enfrentan actualmente una problemática similar: deben enfrentarse con el terrorismo y deben hacerlo con la perspectiva de guerra, no simplemente de un hecho policial. Pero deben tener en cuenta que en el mundo parece haber una predisposición en contra de cualquiera que pelea contra grupos terroristas y todos les van a estar mirando constantemente.

En realidad, el mundo debería ser menos hipócrita, y quienes combaten al terrorismo debería a su vez ser más responsables, sabiendo que van a tener que realizar cosas que son moralmente cuestionables y hacérselo entender abiertamente a la opinión pública en vez de ocultarse detrás de leyes aberrantes, sistemas carcelarios ocultos y desapariciones de personas. Pero el público también tiene que dejar de ser hipócrita con el tema de los derechos humanos, que son una cosa buena, sin duda, pero que no se deben tomar en cuenta para unos solamente, olvidándose de los otros.

Yo personalmente no creo en ningún juicio por violaciones a los derechos humanos en relación a conflictos terroristas donde a los perpetradores de ambos bandos se los siente en el banquillo de los acusados en condiciones de total igualdad; lo que se ha hecho en Sudamérica, con el caso de Israel y muy probablemente, en el caso de estados Unidos, es una majadería. Los perpetradores deben pagar por sus crímenes, sin duda, pero todos, y dejémonos de decir tonterías respecto de que el terrorismo de estado es peor que otras formas terroristas, pues todas matan por igual.

Y mientras no usemos la misma vara para juzgar y castigar severamente esta clase de hechos, siempre habrá individuos dispuestos a convertirse en terroristas.




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