Supervivencia urbana: Los bancos no son seguros para guardar dinero y el estado no es confiable para cuidar a los bancos

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Pablo Edronkin

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La evidencia histórica muestra que salvo contadas excepciones de algunos países como Suiza, no existen los bancos seguros; toda clase de criminales, gobernantes y agentes financieros suelen incautar o expropiar los ahorros de la gente.

Los bancos aparecieron hace mucho tiempo como un medio para asegurar el dinero de la gente; con mayores y mejores recursos se suponía que depositando el dinero en las bóvedas de esas instituciones estaría más seguro y hasta cierto punto ha sido así. Pero a medida que los gobiernos empezaron a regular la industria bancaria y se desarrolló la industria financiera, eso cambió y los bancos se tornaron mucho más vulnerables alrededor de todo el mundo. No existe en la actualidad ninguna garantía mas que la actitud pasada en el sentido de asegurarse de que un gobierno no se apodere del dinero de un banco, de que algunos criminales se aprovechen de la situación o de que los propios líderes de las instituciones bancarias no inviertan el dinero que usted les ha confiado de forma virtualmente igual que en los juegos de azar de un casino.

Lo que ha sucedido en el mundo a partir de 2008 con muchos productos financieros "sofisticados" que terminaron causando la bancarrota de muchas e importantes instituciones bancarias dan fe de ello, porque si bien un banco puede evitar que un caco ocasional entre a su casa y se lleve sus ahorros, o que un carterista se aproveche de usted en una calle, no protege su dinero de ellos mismos, de las propias instituciones bancarias. Las promesas acerca de regulaciones gubernamentales sobre la industria tampoco son confiables porque por cada nueva ley surge alguna trampa, incluso legal y armada en base a convencionalismos contables aceptados. Al fin y la cabo, la crisis financiera de 2008 se originó en bancos legítimos que efectuaron operaciones autorizadas: lo que estaba mal era la propia naturaleza de esas inversiones. Y a esto hay que agregar que cualquier gobierno, llegado un punto de terminado, puede hacerse con su dinero bloqueando sus cuentas o embargando sus bienes. Creer que lo va a hacer de forma legal solamente es esperar demasiado de esas instituciones.

Las regulaciones gubernamentales sobre la industria financiera surgieron para evitar fraudes, para que el estado pudiera cobrar mejor sus impuestos y más adelante, para evitar el lavado de dinero. Serán todas razones necesarias pero ninguna de ellas, obsérvese, aparece directamente para beneficio de usted, el ahorrista, porque a la hora del fraude, a usted no le devuelven nada. Los impuestos, naturalmente, implican sacarle dinero a usted, y si bien se puede hablar mucho sobre la necesidad de que la sociedad se financie y todo lo demás, el continuo déficit de las cuentas públicas y las deudas estatales son prueba harto evidente de que esos argumentos altruistas a los gobernantes les importan muy poco. Y en cuanto al lavado de dinero, si usted no lo hace y tampoco recibe nada de ello, en realidad no lo afecta. Dicho en otras palabras: La construcción de l sistema financiero no se ha hecho nunca en función de las necesidades del ciudadano común y como no está diseñado para usted, tampoco está diseñado para salvarle.

Para constatar esto basta preguntarle a millones de Argentinos si ellos hicieron algo para merecer que su propio gobierno decidiera incautarles sus depósitos y ahorros en el año 2001, o a decenas de miles de Islandeses que corrieron una suerte similar en 2008. En ambos casos, no fueron los ahorristas los que cometieron los errores que llevaron a semejantes desenlaces, sino los bancos a quienes confiaron su dinero y sobre todo los gobiernos que erraron totalmente sus políticas, porque los gobiernos tienen la obligación de controlar y permitir o no permitir que se hagan ciertas cosas.

El sistema financiero está altamente regulado y es imposible que un banco pueda hacer cualquier cosa durante un lapso ilimitado de tiempo. Por otra parte, el interés de un banco no es en sí expoliar - aunque a veces se crea que sí - sino mantener un negocio; no es posible mantener un negocio en el largo plazo expoliando a los clientes. Tal política comercial sería absolutamente contraproducente. A esto hay que agregar que si todos los bancos de un país fallan, evidentemente no se trata simplemente de un problema de administración de esas empresas sino de un asunto sistémico que depende de las regulaciones y supervisión del gobierno respectivo.

A esto hay que agregar que las empresas comerciales - incluyendo, por supuesto, a los bancos - son esencialmente racionales; los gobiernos se basan mucho en la política y la ideología, y sus líderes, a diferencia de aquellos que manejan bancos (ver The Skowronek Bankers) se preparan como políticos pero carecen muchas veces de experiencia y preparación académica comparables a la de los banqueros. Es decir, la calidad del proceso de toma de decisiones en los gobiernos suele ser menor que en la industria privada. Y de tal forma, es mucho más probable que un desastre a nivel de sistema financiero nacional sea responsabilidad o el producto de los errores de los políticos que de los propios banqueros a quienes, pese a que no son necesariamente santos, les conviene menos que a cualquier otro que la economía funcione mal.

En materia de dinero, no confíe ni en los bancos ni en su gobierno, pero menos en su gobierno que en los bancos. No espere que le pase a usted también: aprenda de las dolorosas experiencias ajenas porque es más barato. Sea independiente.



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