Oro y joyas para garantizar la supervivencia financiera

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Pablo Edronkin

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Cuando se abre una tumba egipcia o se encuentra algún otro tesoro, no solamente se está hallando algo de inmenso valor histórico y arqueológico; lo que se pasa frecuentemente por alto es que algunos de los objetos hallados conservan su valor monetario, además del que ganan como piezas únicas. Esta es una lección que se debe aprender para saber en qué invertir en el largo plazo.

Frente a esto quizás usted se preguntará de qué le serviría almacenar algo por cinco mil años, pero al cuestión no es esa, sino que estos hallazgos arqueológicos demuestran que ciertas cosas pueden conservarse y trasladar su valor a través del tiempo mucho mejor que otras, y si le ha servido a los faraones, también le servirá a usted. Fundir los metales preciosos o reciclar las gemas encontradas en tales yacimientos arqueológicos sería, por supuesto, una acto de barbarismo inconcebible. Pero suponiendo que eso fuera legal y moralmente lícito, el metal fundido valdría su peso equivalente en el mercado de hoy en día. En cambio, a otras antigüedades, si se les resta el valor histórico no les queda nada, si es que logran conservarse durante tanto tiempo: El papel no dura, normalmente, más de dos siglos. Con el oro, otros metales nobles y las gemas no hay necesidad de reciclar nada.

Hay metales más valiosos que el oro; el platino es un buen ejemplo, pero son mucho más escasos, difíciles de comercializar y no tienen la misma historia de valor que el metal de los metales que probablemente fue apreciado desde hace muchísimo tiempo por dos razones fundamentales:

No sufre descomposición: El oro no se descompone a causa de factores medioambientales del mismo modo que otros metales.

Al oro se le easigna un valor casi místico por razones muy profundamente engarzadas en la mente humana: El oro posee un inimitable color y poder reflectante que recuerda al sol; cuando el astro ilumina una superficie dorada se obtiene un efecto luminoso que se asocia con lo glorioso desde hace mucho tiempo y no resulta difícil comprender por qué algunos antiguos incluso podían llegar a pensar que cuando tenían en su posesión algo de oro, ello era equivalente a poseer parte del sol, que era considerado en muchas civilizaciones como un dios.

Algunas de las propiedades físico químicas también han llamado la atención desde tiempos remotos, siempre de acuerdo al entendimiento de las ciencias en cada etapa histórica:

El oro es resistente a la corrosión: Existe la acción corrosiva de los álcalis y casi todos los ácidos, siendo únicamente soluble en agua regia en condiciones normales.

El oro es dúctil y maleable: Posee una textura y unas características para el trabajo muy diferentes a las de los demás metales. El oro reacciona de forma poco común frente a las herramientas y trabajar con este metal es muy sencillo, No por nada se lo empleó para producir cosas como prótesis dentales desde mucho antes que la aparición de los materiales plásticos.

Quizás sería materia de la antropología especulativa explicar qué es lo que sucedería si nuestro sol fuera una estrella diferente, más azulada o verdosa. Quizás no el oro sino otro metal sería el más apreciado. Pero lo importante que hay que tener en cuenta respecto del oro y también otros materiales preciosos es que una de las razones por las que mantienen su valor mejor que cualquier otros productos cotizables es porque no sufren alteraciones físicas con el tiempo, no se degradan, y eso de por sí solo ya los convierte en elementos mucho más seguros para cualquier clase de almacenaje.

El oro es apreciado en prácticamente todas las culturas humanas, desde las islas Glorioso a Inari, y desde el Drakensberg hasta Kautokeino, por lo que cambiarlo por cualquier clase de producto o servicio es relativamente sencillo. Un expedicionario o sobreviviente que viaja con monedas de oro tiene asegurada su subsistencia urbana en prácticamente cualquier sitio. No se puede lograr lo mismo ni con los billetes, ni las cuentas bancarias, tarjetas de crédito, acciones o bonos del estado. En términos económicos, la liquidez del oro como forma de dinero es insuperable.

Otra virtud del oro es que resulta relativamente sencillo comprarlo o venderlo frente a impedimentos para operar de otra manera. Por ejemplo, frente a un embargo de bienes o cuentas bancarias, como hay tantos sitios donde se compra y vende el metal e incluso existe un amplio mercado negro, o frente a una prohibición gubernamental para su compra venta por motivos ideológicos, el oro y las joyas se pueden comercializar e intercambiar.

Siendo las cosas de esta manera, como herramienta financiera de supervivencia lo es también.



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