Supervivencia Urbana: Las instituciones no siempre dicen la verdad

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Pablo Edronkin

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Si recordamos a casos como el de ENRON o el Sr. Maddoff, y si pensamos también que diversas instituciones públicas y privadas debían haber auditado las actividades de ambos así como sus sendos libros contables, se hace inmediatamente obvio que las organizaciones gubernamentales y las no gubernamentales no siempre dicen la verdad; no hace falta creer en ninguna clase de teoría conspirativa para creer esto o llegar a esta conclusión pues las pruebas están a la vista de todos.

eso no quiere decir que las instituciones nunca dicen la verdad sino que pueden mentir cuando ésta se contrapone a sus intereses. La credibilidad es un asunto relativo y los principales factores que afectan a su calidad son:

Dinero.

Poder.

Miedo.

Si su supervivencia personal va a depender de creerle o no a una institución, ya sea del gobierno o privada, considere a estos factores. Si alguno de ellos puede influenciar el criterio de verdad de la organización de la cual usted depende, si la organización en sí o sus líderes tienen algo que temer, hay intereses económicos de por medio o se puede producir una transferencia de poder lo suficientemente significativa dependiendo de que digan la verdad o no lo hagan, decida y actúe con cuidado y no le crea a la organización en cuestión pro defecto. Es decir, no le otorgue el beneficio de la duda. Las compañías tabacaleras sabían con años de antelación a sus declaraciones de reconocimiento público que los cigarrillos son perjudiciales para la salud; en este caso el dinero se puso por delante de la verdad, aunque hay muchos otros ejemplos que es fácil buscar.

Las razones pueden - por supuesto - combinarse: Los líderes aliados conocían al menos desde 1942 que los nazis exterminaban judíos y también conocían la localización de esos campamentos como el de Bergen-Belsen, Dacha, Auschwitz, Treblinka, Sobibor, Matthausen y tantos otros, Sin embargo, no hicieron nada para salvar a esa gente para aprovechar mejor sus recursos bélicos y bombardear instalaciones estratégicas cuya pérdida produciría un impacto mayor en la economía alemana que la salvación por un tiempo de los prisioneros de esos campos de exterminio. En ese caso, Roosevelt, Churchill, Stalin y sus generales procedieron guiándose por los factores de poder y dinero, interpretados como recursos, para decidir como lo hicieron. Desde un punto de vista histórico probablemente tuvieron razón; la guerra la ganaron, aunque eso no le sirvió a la gente que podría haber sobrevivido en esos campamentos.

Esto quiere decir que las mentiras de parte de una organización pueden tener en realidad un buen sentido u objetivo, pero al superviviente individual eso no necesariamente le sirve de algo.



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