Fuga de cerebros y fuga de capitales: El drenaje que los estados frenan con cercenamiento de libertades

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Pablo Edronkin

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Cuando la situación es mala y sin perspectivas en una sociedad, la gente trata de sacar su dinero o emigrar de su país; eso puede colocar al gobierno al borde del colapso, dejando dos opciones, que son o mejorar la situación, o lo que es más fácil, cercenar las libertades individuales.

Si se pide una caracterización de los diversos países que tuvieron o tienen regímenes comunistas o totalitarios, dos aspectos resaltan frecuentemente: La paupérrima calidad de vida de sus habitantes y el cercenamiento de las libertades. Dentro de este último aspecto, una de las libertades que más se tiende a bloquear o impedir es la de viajar libremente y la razón de ellos es para evitar la emigración de los ciudadanos. La gente que emigra es por lo general la que tiene mayor iniciativa porque no es fácil abandonarlo todo para comenzar una vida nueva en otra parte y en particular, los profesionales y la mano de obra calificada que emigra representa una pérdida mayor para la economía local. Para que una persona con educación o capacitación técnica permanezca en su lugar de origen hace falta que tenga perspectivas de un futuro mejor; si eso no sucede, emprenderá un cambio.

Los regímenes totalitarios muy raramente pueden darle condiciones de vida mejores a la gente, particularmente a los que tienen aspiraciones que exceden en algún grado a los mínimos. Dicho de otra forma: El que se capacitó como profesional universitario, intelectual u obrero calificado siempre va a esperar algo más que un semianalfabeto. Los líderes totalitarios basan su fuerza en la masa menos educada que lo que en la cultura occidental identificaríamos como clase media y clase media-alta. Los ciudadanos de clase alta o bien deben huir cuando se instala un régimen totalitario - por caso, la aristocracia rusa durante la revolución bolchevique - o terminan acomodándose a la nueva situación, como ocurrió con la colusión entre algunos grandes industriales alemanes y el régimen nazi. La clase media siempre es la más problemática para el líder totalitario y por consiguiente, es la que recibe el peor castigo de parte de aquellos que no pueden satisfacer las necesidades de gente que aspira a algo. Esos líderes simplemente se concentran en las necesidades aparentes de la gente de más bajo nivel cultural y adquisitivo para mantenerlos relativamente contentos y tranquilos.

Al establecerse como constante una situación así, la gente de clase media tenderá a tratar de sacar sus ahorros y eventualmente, a irse del país. Pero así como es la clase más detestada por los líderes autoritarios, también es la más necesitada: El muro de Berlín y la frontera característicamente cerrada del bloque oriental se construyeron por la importantísima merma de capitales y personas que sufrían los países colindantes con occidente. Lo que sucede cuando se aliena a los emprendedores y no se les impide efectivamente la salida se puede ver en el vaso de Zimbabwe: El régimen de Mugabe trató siempre a los agricultores blancos como enemigos, latifundistas y explotadores. Al quitarles sus propiedades, estos productores agropecuarios emigraron en masa hacia Sudáfrica, Mozambique y otros países que los recibieron bien por el aporte que podían hacer. En Zimbabwe, con su desaparición, la economía nacional se hizo trizas.

Desde el punto de vista de la supervivencia urbana lo que hay que considerar es que cuando un régimen se torna totalitario o un líder autocrático, las personas que más pueden ser afectadas por ello deben actuar inmediatamente sacando del territorio sus capitales y sus ahorros, y de ser posible, emigrando. A medida que pase el tiempo su supervivencia, la posibilidad de escapar y evadirse se tornará más difícil.

En cuanto al control de capitales, eso es algo que puede afectar a un mayor número de gentes pues para construir bloqueos efectivos para su movimiento no hace falta contar con un gobierno autoritario: El reciente colapso de la economía de Islandia ha forzado al gobierno de ese país a tornar prácticamente imposible retirar dinero de los bancos. En Argentina, hace unos años, se impuso una prohibición similar. Es decir, gobiernos de países democráticos pueden a su antojo impedir el movimiento de capitales privados bajo cualquier pretexto, fundado o no. La mejor defensa contra ello es no guardar los ahorros en los bancos, sino en forma de billetes, metales o piedras preciosas fáciles de transportar y de ser preciso, ocultar.



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