Consejos de supervivencia para desastres económicos

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Pablo Edronkin

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La aparición de la civilización ha hecho aparecer también los escenarios de supervivencia urbana; nuestro mundo actual impone saber cómo sobrevivir en tal contexto, y particularmente en el caso de crisis financieras globales y nacionales. He aquí algunos consejos.

Un estado siempre va a tender a salvarse a sí mismo aún a costa de sus ciudadanos. Se puede hacer una disertación sobre filosofía política bastante extensa sobre este asunto, pero basta decir por ahora que en el derecho internacional los estados son considerados perennes, mientras que la gente es naturalmente mortal. De ambos conceptos resulta obvia la conexión.

La gente va a tender a salvarse individualmente aún a costa de la sociedad en la que vive. El estado, en definitiva, es aún más secundario que la sociedad para la gente.

No crea que el gobierno está de su mismo lado; en una situación extrema, cualquier gobierno incluso se atreverá a incautar los bienes de sus ciudadanos para salvar al estado. El hecho de que no haya pasado todavía en su país no significa que no puede pasar nunca. Todo es cuestión de qué extrema se torna una situación determinada.

Frente a una fuga de capitales o personas capacitadas, los gobiernos tienden a establecer controles; de ahí que en muchos países se prohíba el cruce de las fronteras con dinero u otros bienes, o que incluso no se permita el libre tránsito de los ciudadanos. El dinero, los bienes e incluso las personas deben salir antes de que esto se produzca si tal es la tendencia. La imposición de semejantes limitaciones es siempre un muy mal síntoma que describe la verdadera situación dentro de un territorio.

No crea en el gobierno ni en las instituciones financieras. La evidencia histórica indica que en situaciones de emergencia tienden a mentir y desdibujar la realidad.

Debe reducir al mínimo la cantidad de tarjetas de crédito que posea.

Reducir al mínimo la cantidad de cuentas bancarias.

No utilizar las tarjetas de crédito o los créditos para adquirir bienes de consumo, como comida o ropa.

Proponerse ahorrar aunque sea una mínima cantidad de dinero todos los meses. Incluso diez euros o dólares mensuales. No hay ahorro que por pequeño sea malo.

Invertir los ahorros en bienes que no pierdan valor o no estén sujetos a la especulación: los automóviles - excepto los de lujo - pierden valor constantemente y las propiedades son motivo de importante especulación. Los metales nobles y las joyas figuran entre las inversiones más seguras y a diferencia de los autos y las casas, se pueden llevar en el bolsillo.

Si usted sufre una deuda significativa, consulte a un contador; un profesional es la persona más indicada para aconsejarle.

Aprenda a reparar sus bienes en vez de arrojarlos a la basura y comprar otros, o en vez de contratar a un servicio técnico en todos los casos. No crea que todo lo va a poder hacer usted, pero sí una buena parte.

Opere en el mercado negro, si es necesario, para conservar el valor de sus bienes y de ser posible, acrecentarlo. En materia de supervivencia no se debe desaprovechar ninguna oportunidad.

Cuando los gobiernos se encuentran debilitados por la recesión económica, pueden surgir buenas oportunidades para blanquear capitales no declarados, obtener moratorias y perdones impositivos. Manténgase al tanto para no desaprovechar ninguna oportunidad.

Cuando un sistema financiero colapsa, se forman larguísimas colas de ahorristas frente a los bancos que intentan sacar su dinero u operar con él. Estas colas generan esperas prolongadas y teniendo las personas necesidad de estar en otra parte, aparecen oficios de los más extraños, como los "pacientes profesionales", es decir, personas que por una tarifa le guardarán su lugar en la cola mientras usted va a hacer otra cosa.

En períodos de mucha inflación se puede pasar a un nivel mucho más peligroso, como es la hiperinflación. No existe una fórmula matemática para determinar exactamente cuando se pasa de un nivel de elevada inflación al siguiente, pero la hiperinflación se caracteriza por la desaparición total del valor de la moneda. En los países que la han experimentado, los precios cambiaban a diario, los billetes acumulan más ceros de los que pueden imprimirse e incluso el cambio se hace ya no por unidad monetaria sino por el peso de los fajos de billetes. Hay evidencia histórica que documenta cómo la gente pagaba la compra de sus alimentos llevando billetes en carretilla o mochilas.

Crisis económicas muy profundas pueden derivar en la aparición de líderes autoritarios porque a causa del caos imperante, la gente, incluso en las democracias, buscará contar con líderes fuertes. Estos líderes tenderán a actuar de forma autocrática y hasta brutal, especialmente con sus disidentes. El problema es que incluso gente que no apoya las ideologías que describen esos líderes o a las que estos adhieren, tenderán a seguirlos por la imagen de personas fuertes que transmiten. Su dinero y sus ahorros deberán estar fuera del alcance de semejantes iluminados si es que aparecen en su país, por ejemplo, colocándolos a buen resguardo en un paraíso fiscal o al menos en otro país vecino.

Cuando un gobierno está a punto de tomar una medida financiera conflictiva como la incautación de los depósitos bancarios o una variación muy importante en algunos precios, empiezan a aparecer rumores por doquier aunque en general las autoridades tratan por todos los medios de mantener esos planes en secreto. Solamente la gente con acceso a información privilegiada logra anticiparse a los eventos y - por ejemplo - retirar su dinero de los bancos antes de que una incautación semejante ocurra.

Las crisis financieras no son momentos para tratar de apostar como si la economía fuera un gran casino. Se generan muy buenas oportunidades de negocios en esos casos, pero antes que nada hay que proteger lo que se tienen antes de pensar en obtener más. Si este es el camino que usted quiere seguir, entonces debe empezar a formar su propio fondo para invertir en tales circunstancias sin comprometer a su capital imprescindible.

En caso de crisis, y si hay un gobierno autoritario de por medio, será muy sencillo afirmar a la turba que la culpa de los problemas la tiene una determinada clase social o grupo étnico, generalmente extranjero, diferente o bien con dinero, Tal es lo que ocurrió muchas veces con los judíos o con la clase media o alta. El populacho creerá que todos su males provienen de allí y serán de fácil manipulación por parte de sus líderes, quienes utilizarán la situación simplemente para quitar del medio a esos chivos expiatorios por medio de la fuerza de la masa, y acapararán los bienes expropiados.

Si no cree que estas cosas pueden suceder en su país porque es "de avanzada" o un "país desarrollado", recuerde que no fue en Togo ni en las Filipinas que Adolf Hitler llegó al poder por medio de elecciones, sino en Alemania.



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