Si bien es importante colaborar y no empeorar las cosas, en las emergencias y catástrofes no es conveniente para uno mismo seguir ciegamente las afirmaciones de las autoridades.
Los políticos mienten para obtener ventajas y minimizar sus pérdidas. Lo hacen durante tiempos normales y con más razón durante las situaciones de catástrofe o emergencia pues buscan de esa manera cubrirse contra posibles consecuencias políticas o legales. Y esto implica que cuando un auténtico desastre ocurre, la población implicada puede ser puesta en peligro simplemente porque un responsable es un cobarde.
Tal cosa ha ocurrido muchas veces en la historia: La población civil que vivía cerca de la central nuclear de Chernobil se enteró del accidente casi tres días después, cuando ya decenas de miles de personas habían quedado contaminadas. En el caso del atentado de las torres gemelas en Nueva York, y más allá de los detalles y teorías conspirativas que naturalmente abundan después de un evento semejante, se distrajo a la población civil señalando la maldad de los perpetradores y de esa manera nadie se detuvo a considerar la negligencia de los gobernantes y funcionarios de Estados Unidos, responsables de proporcionar defensa y seguridad a cambio de los enormes impuestos que cobran... Ni un solo funcionario de jerarquía del gobierno de Bush fue destituido, lo que quiere decir que los mismos incompetentes para su trabajo que permitieron que el desastre tuviera lugar continúan en sus oficinas y el peligro para un nuevo ataque sigue siendo, cuando menos, el mismo.
Y ni hablar de los gobiernos o regímenes que directamente actúan con la intención de perjudicar a la población civil como en le caso de Mugabe, en Zimbabwe (ex Rhodesia) o con el Khmer Rouge en Camboya o Kampuchea. Estos líderes deliberadamente han mentido a la población con el objeto de mantenerlos controlados mientras preparaban el escenario para expropiaciones, destierros, arrestos masivos y ejecuciones sumarias.
Cuando ocurre un evento que pone en riesgo la supervivencia de las personas en una ciudad, es importante no obstaculizar la labor de los organismos y cuerpos de rescate, asistir a las víctimas, etc. Pero es importante diferenciar entre el bombero o gendarme que rescata a la gente y al político que es su jefe. Créale al socorrista, hágale caso, pero ni por un instante piense que un político le dirá la verdad por el bien de todos.
Ningún habitante de ninguna ciudad es inmune a las mentiras de los políticos.