P. Edronkin

Las arenas de Tiro



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Como prueba la historia de la ciudad fenicia de Tiro, incluso arena puede utilizarse como arma defensiva con el objeto de sobrevivir un ataque. Tiro es una antigua ciudad fundada por los fenicios hace aproximadamente tres mil años en el sur del Líbano. Prontamente se convirtió en un centro urbano sumamente próspero puesto que su funcionamiento como puerto comercial del mediterráneo hacía que por ella pasaran numerosas mercancías, que se comprara y vendiera de todo, y también que se desarrollase una industria enormemente lucrativa y particular como es la producción del púrpura de Tiro.

Naturalmente y como sucede en todo tipo de ocasiones, la riqueza atrae la corrupción y el robo, y así como las casas de persona de clase media suelen ser asoladas por "pobres" - en mi opinión "inútiles" - que supuestamente no tienen nada que comer y se dedican al hurto sin escrúpulos, lo mismo ocurrió con este puerto del sur libanés. Tiro fue asediada y atacada por prácticamente todos los vecinos de las ciudades fenicias, más o menos como ocurre hoy en día en medio oriente en el caso de Israel: bien o mal, el próspero despierta sospechas y envidia. Y como sucedía tal cosa, los tirenses desarrollaron importantes y efectivos medios de defensa: la ciudad se encontraba construida en una isla y estaba amurallada. Por supuesto, contaba con una importante flota de guerra y un ejército propio: también solían - astutamente - evitar los enfrentamientos con los grandes y más poderosos ejércitos conquistadores, como en el caso de los asirios, los babilonios y los persas.

Pero en algunas ocasiones no les quedaba más que pelear: Tiro, así como otras ciudades fenicias, desarrolló poco a poco un importante resentimiento en contra de los griegos y los romanos debido a la expansión de aquellas culturas. En el caso de su relación con los griegos incluso se habla de una "helenización" de la cultura fenicia, y naturalmente tal situación creaba numerosos resentimientos. Por ello es que cuando Alejandro Magno decidió atacar a Persia, antes de adentrarse hacia las planicies de Gaugamela, donde destrozó al ejército de Darío, tuvo que lidiar con las ciudades costeras fenicias como Sidón y Tiro, pero esta última no quiso pactar con él y los macedonios que estaban bajo su mando. La tarea no le fue sencilla puesto que la ciudad de Tiro, siendo próspera, teniendo mucha experiencia lidiando con invasores, y dinero como para poder solventar buenos sistemas defensivos podía combatir de manera efectiva.

En este sentido, los tirenses contaban con dos tecnologías sencillas pero efectivas que les permitían resistir asedios muy prolongados, que en algunos casos habían durado décadas: el agua y la comida son elementos esenciales par cualquier población y por supuesto, es lo primero un ejército que pone sitio a un centro urbano intenta evitar que le llegue a los defensores. Para contrarrestar esto los fenicios habían desarrollado las primeras técnicas eficientes de impermeabilización de tanques cisternas, lo que les permitía almacenar agua y alimentos en grandes cantidades. Construir un tanque de agua suficientemente grande como para abastecer a una ciudad usando las técnicas que se conocían hasta el desarrollo fenicio, consistente en la utilización de cal para impermeabilizar los receptáculos, era sumamente difícil: la piedra no es impermeable, se puede fisurar o agrietar y además, en muchos casos había que transportarla desde muy lejos.

Por otro lado, los fenicios, que contaban con grandes cantidades de arena en las playas cercanas a sus pueblos y ciudades, supieron darle un uso militar como arma improvisada: si se calienta arena lo suficiente, ésta se transforma en vidrio en estado líquido, y a una temperatura bastante considerable, capaz de producir quemaduras muy importantes. Y esto es lo que hicieron los fenicios: simplemente calentaban arena casi hasta el punto de fundición, y la arrojaban desde las almenas de sus murallas a cualquier invasor. La defensa fue tan efectiva que Alejandro Magno, al perder la paciencia, mandó construir un terraplén rellenando el fondo del mediterráneo, para de esta manera alcanzar la isla de Tiro por tierra y aprovechar la ventaja que su ejército le otorgaba en una batalla terrestre, pues intentar invadir la isla amurallada usando embarcaciones había probado ser completamente inútil y muy costoso.

Cuando en tiempos antiguos no existían ni la artillería ni la aviación, resultaba imposible bombardear las ciudades asediadas o destruir sus almacenes. Es por eso que los asedios se convertían en una carrera entre las posibilidades de sobrevivir el mayor tiempo posible dentro de cada ciudad asediada o sitiada, y las tropas que efectuaban dicho asedio, porque también ellos debían procurarse medios de sustento y padecer enfermedades, el clima y otros problemas. Y mientras tanto, ambos bandos sufrían el desgaste, con un número creciente de bajas que no siempre era posible reponer, al tiempo que a la solidez de las murallas y otras defensas, los atacantes debían contraponer máquinas y construcciones de asedio cada vez más ingeniosas, pero que requerían, como vemos en esta caso de esfuerzos considerables.

Tiro finalmente cayó en manos del ejército del rey de Macedonia pues sus tropas pudieron completar el terraplén, el cual existe todavía en la actualidad y constituye una de las proezas de la historia de la ingeniería militar, pero la derrota de los tirenses no excluye el valor y la utilidad de las tecnologías que habían desarrollado para sobrevivir.




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