Ceniza volcánica y revolución del transporte


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Federico Ferrero

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La erupción del ya famoso volcán Eyjafjalla de Islandia, produjo un caos aéreo que ya tiene más impactos económicos que el que produjo el atentado del 11-S en 2001. Pero las repercusiones para el transporte y el medio ambiente son mucho más amplias de lo que podemos imaginar, y se extienden a todas las erupciones de este tipo que se den en el futuro.



Erupción del volcán Eyjafjalla de Islandia

La situación fue tal que hasta los ministros de transporte de la Unión Europea se reunieron para tomar medidas paleativas, pero (paradójicamente) vía teleconferencia. La restricción de vuelos siguió por cuestiones de seguridad, por mucho que se quejaron las aerolíneas comerciales (no los pilotos ni los técnicos, claro, sino los directivos), porque aviones de la OTAN experimentaron problemas en sus motores en vuelos de prueba. Toda Europa fue afectada en alguna medida y en algún momento por las cenizas trasnportadas por el viento.

Los eventos deportivos internacionales también se recientieron por la imposibilidad de viajar de los jugadores y deportistas. Los políticos no lograron llegar a otros países para cumplir con compromisos como el del funeral del presidente polaco por su accidente aéreo. En este último caso, por ejemplo, el presidente ruso llegó volando en un avión a baja altura.

La revolución que causó la erupción del volcán islandés en el transporte turístico de todo tipo no termina ahí, porque la gente, los viajeros y turistas, tenían que volver a sus casas sí o sí, y buscaban todo tipo de alternativas de transporte para lograrlo: barcos (cruceros), tren y autobuses son los más habituales, pero también vehículos de alquiler e incluso taxis. Hasta surgieron los alquileres de simples automóviles con conductor, fuera de todo tipo de agencias de viajes.

Los precios de los pocos pasajes de avión disponible escalaron a precios estratosféricos, mientras que el Reino Unido y trajo a sus ciudadanos utilizando barcos de la Armada, la bolsa de valores acusó el impacto económico, y la Unión Europea terminó aplicando ayudas a las compañías aéreas igual que lo hizo en septiembre de 2001 por los atentados. El efecto de este caos no sé limitó a la economía y los retrasos, sino que también impactó en el medio ambiente, en este caso para bien.

Casi ningún medio de comunicación mencionó las consecuencias ecológicas, pero lo cierto es que lo aviones dejan de volar, y por tanto de emitir cientas de toneladas de CO2 por día. Si el impacto total al medio ambiente dejará finalmente un saldo positivo es ya difícil de evaluar, ya que los viajeros de una forma o de otra, más tarde o más temprano, llegaron a su destino en algún medio de transporte, que pudo llegar a emitir más o menos contaminación.

España quizo esgrimirse (como, en su momento, presidente de turno de la Unión Europea) en el país "puente" para recibir los vuelos de muchos ciudadanos europeos (sobre todo ingleses) varados en América y Asia, ya que tuvo uno de los espacios aéreos menos afectado por las cenizas del volcán. La idea era que los viajeros pudieran, desde la península ibérica, llegar por tierra o por mar a sus destinos en el viejo continente. Esto también pudo tener como impacto una alsa en la polución local de España y Portugal, que probablemente vieron incrementados sus niveles de contaminación. La contrapartida fueron unos beneficios económicos inesperados por parte de la industria del transporte español.

En el 11-S se aprovechó el cierre del espacio aéreo de EE.UU y su consecuente falta de creación de "nubes" artificiales (las que se generan por condensación al volar los aviones) para demostrar la teoría de que dichos cirros disminuían el calor que llegaba a la superficie de la tierra, y minimizaban la sensación para los mortales del calentamiento global producido por el efecto invernadero. Al mismo tiempo, está comprobado que la emisión de cenizas volcánicas tiene el mismo efecto de mitigar el efecto invernadero (bajadas de temperaturas locales también), al hacer que los rayos solares reboten sobre la capa de ceniza, dando como resultado lo mismo que ocurre con que el llamado "oscurecimiento global" debido a la contaminación atmosférica creada por el hombre.

Quizás actualmente haya científicos haciendo experimentos para determinar estos hechos climáticos en Europa aprovechando este fenómenos, aunque lo cierto es que los alcances y el fin de los impactos de este catástrofe para la aeronavegación fueron los primeros que hicieron tomar consciencia de lo que podía afectar en la era moderna la erupción de un volcán que expulsara gran cantidad de cenizas, algo que después se volvió a experimentar con la erupción del Puyehue-Caulle en la Patagonia. Lamentablemente, predecir a ciencia cierta la evolución de una erupción volcánica es por el momento imposible, y lo es todavía más saber qué impacto pueda tener la ceniza expulsada en el tráfico aéreo.



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