Supervivencia al aire libre: mezclas fatales y pruebas de comestibilidad (I)

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Federico Ferrero

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En supervivencia al aire libre es necesario hacer la ya más que conocida prueba de comestibilidad para evaluar, si se trata de un alimento desconocido para nosotros, si lo que vamos a comer no es tóxico o venenoso. Esta prueba está pensada para hacerla con vegetales. Pero en cualquier caso, lo que nunca hay que hacer cuando se prueba comida en supervivencia, sea del tipo que sea, es mezclar diversos alimentos.



Buscando larvas para comer

Si nos fijamos, vamos a ver que ningún animal come "mezclas" o cosas mezcladas (quizás haya alguna excepción, claro), salvo el humano moderno. Y decimos el humano moderno, porque esto de tener todo tipo de alimentos de todo tipo de lugares disponibles en cualquier momento, es algo de la era moderna: los aviones llevan comidas "exóticas" a otros lados del mundo habitualmente, y las técnicas de cultivo en invernaderos, la refrigeración, etc., hacen que alimentos que hace 100 años ningún ser humano podría probar mezclados, se pueden mezclar.

Por supuesto, también es raro pensar (porque es difícil de probar, o imposible) que un animal que no sea el humano coma por otra razón que la mera nutrición. Es decir, el ser humano también come por razones psicológicas, por disfrutar del comer (de hecho, un alimento no tiene porqué ser nutritivo). Pero la realidad es que cuando hablamos de supervivencia, hay que retroceder a nuestra parte más animal, aquella que busca alimentos por cuestiones meramente nutricionales. Y originalmente la nutrición no está en la mezcla.

Con esto quiero decir que mezclar ciertos alimentos (ya no hablemos de los desconocidos) es un riesgo para nuestro organismo, incluso hoy en día. Diversos estudios prueban que mezclar ciertos nutrientes y otros alimentos sin valor nutritivo (como la sal) puede ser la causa de pérdida de rendimiento, sobrepeso u otras dolencias, llegando incluso a padecer enfermedades y alergias, congénitas o adquiridas.

La llamada "dieta disociada" sostiene que no se deben mezclar proteínas con hidratos de carbono en grandes cantidades, y que nuestro organismo no está preparado para digerirlos adecuadamente al mismo tiempo. Lo cierto es que muchísimas personas bajan de peso al dejar de mezclar pasta y arroz con carnes, aunque coman las mismas cantidades, lo que le da la razón a los que defienden la dieta disociada.

Otro ejemplo es el que aquellos que pregonan que no se debe comer frutas después de las comidas (salvo que la comida consista en fruta, claro ;) ya que esta "fermenta" en nuestro estómago y ralentiza o perjudica la digestión. En países como México todo el mundo sabe que "la fruta" se come 20 minutos antes de comer, más o menos. Pero en otros países como España (y latinos que heredaron sus costumbres alimenticias) la fruta suele comerse como un postre típico. Todo es también cuestión de costumbre, pero la "pesadez" después de las comidas no siempre se tiene que deber a las cantidades que comimos, sino a las combinación o al orden en que se ingirieron los alimentos

Otros estudios indican que dependiendo de nuestra herencia genética, marcada por el tipo de sangre (0, A o AB) tendremos predisposición a tolerar mejor ciertos alimentos antes que otros. Ya que no estamos acostumbrados a otras tipos o "mezclas" de alimentos que no sean las que coincidan con lo que comían nuestros antepasados. Es decir, los alimentos que podían proveerse en su tierra, y que los nutrieron durante siglos, marcando su tipo de sangre, y por lo tanto los antígenos asociados a ellas. Estos estudios son estadísticos, pero lo cierto es que pueden darnos claves para mejorar nuestra alimentación.



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