¿Porqué sobrevivieron los uruguayos del accidente aéreo en los Andes? (I)


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Federico Ferrero

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Se suele creer que los supervivientes del famoso accidente aéreo de los Andes, el de los uruguayos jugadores del Rugby (que dio título al famoso libro y luego película "¡Viven! La tragedia de los Andes") principalmente pudieron sobrevivir gracias a comer carne humana (es decir, a practicar canibalismo) y a su fortaleza como deportistas. La realidad es que sobrevivieron debido no tanto a una cuestión física como a una cuestión moral, que les permitió estar lo suficientemente motivados para mantener las esperanzas y actuar luchando contra el frío, venciendo el tabú y las repugnancias.

Se suele mencionar el hecho de que los supervivientes del "Milagro de los Andes", del vuelo charter 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya [1], eran en su mayoría miembros de un equipo de rugby, y que por lo tanto así estaban mejor preparados físicamente para afrontar las penurias de pasar hambre. También por supuesto se pone de relieve la necesidad que tuvieron de practicar antropofagia (canibalismo) para hacerlo. Pero, como dijimos, lo que no se menciona tanto es la cuestión moral que les permitió sobrevivir realmente, la que les permitió a la gran mayoría superar el asco producto del tabú de que impide comer carne humana.

Pensemos que para ellos no sólo se trataba de comer carne de otro miembro de su especie, sino que se trataba de comer la carne de sus amigos, con los que poco tiempo atrás estaban conversando tranquilamente. El cambio de una situación de confort y seguridad a una situación de supervivencia es tan brusco en un accidente como estos, que el impacto psicológico es tremendamente desestabilizante: de todo a nada. De amigo o pariente cercano, a alimento.

Aunque eran miembros de un equipo de rugby en su mayoría, algunos no lo eran, porque había familiares e incluso desconocidos que iban en el mismo vuelo charter. No eran jugadores profesionales y muchos eran también fumadores. Por lo que su estado físico era relativo. Había, por ejemplo, dos mujeres que no formaban parte del equipo, y aunque finalmente (lamentablemente) no sobrevivieron, no lo hicieron por no estar entrenadas como deportistas, sino en principio por negarse a comer carne humana demasiado tiempo y por lo tanto debilitarse de forma irreversible, aunque la causa final de su muerte fuera un hecho fortuito [2].

Los relatos de los supervivientes demuestran que lo que les permitió sobrevivir a nivel psicológico fue inicialmente su creencia o su fe en Dios.

Ellos eran de un equipo de rugby compuestos por ex-alumnos del Colegio cristiano Stella Maris de Montevideo, Uruguay, precisamente se llamaban los "Old Christians". Cuando se vieron en la tesitura de tener que elegir entre morir de hambre y comer carne humana cruda, la mayoría se convención finalmente a hacerlo porque pensaban que igual que en la misa aceptaban "el Sacrificio del Cuerpo y Sangre de Jesucristo, que se ofrece sobre nuestros altares bajo las especies de pan y de vino en memoria del sacrificio de la Cruz" [3] también podían "tomar la carne de sus amigos" muertos en al caer el avión, que seguramente se la darían gustosos "en sacrificio" para que, una vez ya no la necesitan (porque su alma está en el cielo, el cuerpo es una cáscara abandonada sin valor ya para ellos) sirva para que los demás sigan viviendo, lo cual evidentemente (pensaban) era lo que Dios quería.

Tan convencidos quedaron de esto, que incluso rápidamente estuvieron de acuerdo en "autorizar" en vida a que los superviviente comieran su carne si alguno moría durante el transcurso de los días que pasarían aislados en la cordillera...y lamentablemente así fue.

Al accidente aéreo en sí, y a las penurias de pasar hambre y frío, se sumó una avalancha que sepultó y mató a varios superviviente más en en un abrir y cerrar de ojos. Los cadáveres enterrados en la nieve luego congelada pasaron a ser la despensa de alimentos en caso de emergencia, mientras vivían en el avión enterrado bajo la nieve y del que tuvieron que salir cavando con su propias manos tras el alud. La posibilidad de que un nuevo alud de nieve los sepultara, hacía que dejaran siempre cerca de la entrada del refugio alguna parte de sus amigos muertos, para en caso de verse enterrados disponer de alimentos.



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