Roturas fibrilares y desgarros: prevención, primeros auxilios y tratamiento (I)

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Federico Ferrero

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Aunque las medidas de primeros auxilios para poner en marcha ante una rotura o desgarro de fibras musculares son limitadas, también es importante saber cómo prevenir este tipo de lesiones a nivel deportivo, y sobre todo comprender en el acto la gravedad de la lesión una vez que ocurre, para actuar de forma correcta en consecuencia.

Un desgarro o rotura fibrilar (aquí usados como sinónimos), es lo que podríamos llamar una "herida interna" [1] o corte en las fibras [2] (y también vasos sanguíneos) que componen los músculos [3], fibras que al contraerse y al estirarse permiten el movimientos de los huesos gracias al juego de nuestras articulaciones. Al dañarse estas fibras y vasos que la irrigan la posibilidad de contracción y estiramiento del músculo se ve disminuida en alguna medida.

Esta rotura de fibras puede darse por varias causas, aunque podemos hablar de tres casos generales:

Desgarro por estrés muscular o sobrecarga (crónico). Es decir, cuando el músculo está sometido a una tensión o exigencia diaria superior a sus nivel de resistencia (sobrentrenamiento), y en un momento dado acusa ese cansancio en forma de lesión. El musculo es literalmente exigido por encima de sus posibilidades durante un tiempo prolongado debido a un inadecuado entrenamiento o esfuerzo físico, y termina rompiéndose.

Desgarro por un movimiento brusco y/o anormal (agudo). Debido a que todo movimiento de un músculo o más músculos implica el movimiento contrario de otro/s, su/s antagonista/s [4] muchas veces la extensión o flexión brusca o incorrecta de una extremidad o parte del cuerpo (o también por ejercicios de estiramientos o elongación inadecuados), puede causar un desgarro en uno de los músculos o tendones implicados en dicho movimiento. Implicados ya sea como encargados de la acción principal, o como fijadores de dicha acción gracias a las "conexiones" que se dan entre ellos durante el acto motriz (conexiones conocidas como "cadenas musculares").

Entendemos acá por movimiento brusco a un movimiento rápido que supera momentáneamente la capacidad que tiene un músculo o tendón de estirarse o contraerse (normalmente a gran velocidad, pero no necesariamente). Mientras que un movimiento anormal es aquel que exige que el músculo ejecute un movimiento de forma antinatural y contraria a su función.

Así, un desgarro agudo puede surgir tanto por brusquedad como por exigir al músculo y/o sus tendones a realizar un movimiento técnicamente incorrecto donde (por ejemplo) se quiera mover algo inamovible (fuerza concéntrica o estática) más allá de de nuestras posibilidades (superar la fuerza concéntrica máxima que el músculo o tendón resiste), o se haga una torsión o palanca en un eje que fuerce en movimiento uno o más músculos más allá de sus posibilidades de estiramiento o contracción (fuerza excéntrica), ya sea de forma voluntaria o por accidente (una caída o un resbalón, por ejemplo).

Desgarro por traumatismos. El más raro, pero puede ocurrir. La rotura muscular se da por la acción externa de un golpe o corte, y puede verse tras un accidente vehicular, por ejemplo.


Notas:
[1] Aunque por definición una herida no puede ser interna, valga aquí esta expresión para ayudar a la comprensión de lo que es un desgarro.
[2] Para conocer más sobre las distintos tipos de fibras musculares que componen nuestro cuerpo y su función, leer este artículo.
[3] Aunque la rotura puede darse en cualquier músculo del cuerpo, en este artículo nos referiremos a los músculos motores. Es decir, los músculos que posibilitan mover el cuerpo o cualquier parte de él, mandados por el sistema nerviosos central; y no a los músculos que cumplen otras funciones (como las digestivas, circulatorias, etc.) mandados por el sistema nervioso periférico (el que se ocupa de todas las acciones musculares involuntarias).
[4] Para leer más sobre las diferentes clasificaciones de los músculos según el tipo de contracción (agonistas, antagonistas, etc.) visitar este artículo.



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