Primeros auxilios: valoración primaria de un herido (I)

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Federico Ferrero

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Luego de haber seguido los dos primeros pasos de la cadena de supervivencia (“proteger” y “avisar”), hay que encarar el tercero: “socorrer”. Pero es imposible salvar a alguien si no sabemos cual es su problema, por eso lo primero es buscar enterarnos.

Para esto existe lo que normalmente se denomina “exploración primaria” o “valoración primaria” de un paciente, herido o víctima de un accidente. Con esta exploración buscaremos problemas de salud en orden de importancia, bajo un orden preestablecido que hay que recordar y manejar a la perfección (si pretendemos ser verdaderos conocedores de los primeros auxilios) e iremos solucionando estos problemas a medida que nos encontremos con ellos. Lo que perseguiremos es comprobar las constantes vitales de la víctima en el orden siguiente:

1 - Valorar conciencia.

2 - Valorar respiración.

3 - Valorar pulso / signos de circulación sanguínea y control de hemorragias graves.

1 - Valoración de la conciencia.

Lo primero será determinar si el herido está conciente. Si lo está, podremos descartar automáticamente otros problemas, y decir que, en principio, no presenta una afección grave (parada respiratoria o cardíaca, por ejemplo).

Para valorar la conciencia debemos:

1.1 - Estimularlo de auditiva ("¡hola!", "¿me escucha?", "¿estás bien?") y de forma táctil o con un estímulo doloroso si no responde (pellizco a la altura del trapecio, por ejemplo [0] ) siempre evitando tocar o agravar cualquier lesión.

Si la persona responde, evidentemente está consciente. Dependiendo la coherencia de su respuesta, su estado de conciencia será más o menos lúcido. Pasaremos entonces a la valoración secundaria, que explicaremos en otro artículo más adelante.

Una persona que se mueve o agita sin parecer que de señales de que detecta nuestra presencia, esta inconsciente. Y evidentemente alguien que no responde también. Pasaremos entonces a ver si respira.


Notas:
[0] Nunca debe hacerse el estímulo doloroso a nivel del cuello o la cara, sobre todo cuando se trata de un herido traumático (o con golpes en la espalda, columna o cráneo) ya que podría incitar al herido a mover la cabeza y agravar sus lesiones.

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