Organizaciones y supervivencia

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Federico Ferrero

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Las empresas al tener personalidad o personería jurídica son realmente entidades u organismos vivos de los que se puede decir, como de cualquier otro, que buscan su supervivencia.

Las organizaciones, sean empresas, instituciones, corporaciones; tengan alcance local, nacional o internacional, tienen algo en común: son organismos. Están compuesto por una cantidad determinada de "células" (empleados, miembros) que los forman y sin los cuales no estarían "vivos" (no funcionarían), pero que no son totalmente responsables de forma individual de lo que la organización hace.

El parecido con el cuerpo humano es llamativo: no se puede decir que haya una parte del cuerpo humana que no sea necesaria para una determinada función. Algunas órganos son más necesarios que otros, evidentemente sin ellos no se podría seguir viviendo por sí sólo (corazón, cerebro, pulmones, sistema nervioso, etc.) otros los son menos. Pero no se puede decir que, entre los sistemas u órganos vitales haya alguno que rija el comportamiento de forma indiscutible. Unos dependen de otros, y sin unos otros no pueden existir. El conjunto es lo que llamamos "ser humano". Paralelamente, el conjunto de los distintos departamentos (sistemas, órganos) y miembros (células) que lo componen, tanto materiales como humanos, forman algo más grande e independiente que va más allá de la suma de sus partes: la organización.

Un ser humano y una organización tienen que hacer determinadas cosas, cubrir determinadas necesidades para sobrevivir. Un ser humano tiene que (al menos) cubrir sus necesidades fisiológicas. Una organización (sea o no con fines de lucro) debe poder financiar sus actividades, lo que en el sistema actual significa, en la práctica, tener ganancias, ganar dinero.

Se supone que una persona que vive en sociedad tiene ciertas limitaciones respecto de lo que "debe" hacer para sobrevivir: cosas como el canibalismo o el asesinato no está precisamente bien vistas. La moral sería lo que determina qué se "debe" y "no se debe" hacer para satisfacer las necesidades básicas para la vida y todas las demás...pero la moral no está escrita...la ley y los castigos por no cumplirla serían la forma social de garantizar que se cumplan ciertas normas de convivencia básicas en sociedad.

En el caso de las empresas, una vez más "se supone" que esta la función que en los humanos empieza con la moral, la cumple en este caso exclusivamente la ley. La ley regula a una empresa. Pero el gran problema es que una empresa no tiene algo fundamental que los humanos normalmente sí tienen: la capacidad de ponerse en el lugar e los demás (sea otro ser humano, o un ser vivo que pueda sufrir), lo que se conoce como "empatía".

Las leyes no son perfectas ni mucho menos, y ese es el problema. Las organizaciones se aprovechan de los huecos legales, y muchas veces lo utilizan o los crean. No olvidemos que el propio Estado es una organización, y el Estado es el que crea las leyes...estas pueden favorecerlo a sí mismo, o a otras organizaciones que tengan relación con este directa o indirectamente. Cuando una organización no se ciñe a la ley, es una mafia, pero la diferencia entre una y otra muchas veces es muy sutil...a veces sólo depende de qué tan amigo del poder de turno sea una organización, y tenga por tanto la "venia" de la legalidad institucional que rija en ese momento las reglas del juego.

Uno, como persona física, puede "sentir" lo que siente el otro, al suponer que siente lo mismo que uno sentiría si le pasara lo mismo. Eso hace que tengamos cierta piedad con los demás, como la tendríamos con nosotros mismo (o esperamos que otro la tuviera). Sin embargo, una organización no tiene esta facultad de "empatía", y por lo tanto puede ser tan "cruel" como lo es un animal irracional, o la propia naturaleza con su neutralidad despiadada.

Se puede esperar que el conjunto de personas que forman una organización transfiera en cierta forma su moral a la empresa misma. La realidad demuestra que esto raramente pasa, y si pasa es menos probable cuanto más grande es una organización. Es decir, cuanto más grande sea una organización, menos frenos morales, menos límites de "lo que está bien" y "lo que está mal" tendrá puestos internamente, por sí misma. En definitiva, una empresa, cuanto más grande, más cruel y despiadada puede ser en su accionar. Sólo hace falta ver las acciones que (debajo de la imagen falsa que se crean) tienen la mayoría de las multinacionales o transnacionales con el medio ambiente y la salud de las personas.

¿Porqué ocurre esto? En nuestra opinión por una característica de la mayoría de los seres humanos que componen estas empresas, y que puede resumir en una sola frase: "la culpa es del otro". Inconscientemente la mayoría e las personas tiende a buscar a otro para justificar sus errores, dejan que otros resuelvan los problemas de los que ellas forman parte. El resultado es que "yo hago lo que me mandan", y así, cono obediencia debida, todos giran como engranajes perfectamente aceitados en una máquina llamada "corporación", que funciona sin moral ni límite ético alguno.

En este sentido, una organización se guía por el más puro instinto de supervivencia: matará si es necesario para ganar más o ser más poderosa...siempre y cuando, por supuesto, "le dejen" hacerlo. Nunca se puede esperar que los límites de una organización sean internos, los límites (como en el caso de un animal salvaje hambriento) sólo pueden ser externos: una jaula que impida que sobrepase ciertos límites morales.

Así vemos lo importante e imprescindible que es poner límites externos a las organizaciones, cuanto más grandes, más límites deberían tener. Una organización es como un monstruo glotón y sin piedad que engorda y se come todo a su paso, y que arrasará con todo, incluso consigo mismo, si no se lo impiden desde afuera.

Uno de los límites más claros es el de la opinión pública, ya que en general las corporaciones dependen en última instancia del apoyo de los consumidores para subsistir. Si su imagen las convierte en ogros, y los ciudadanos o consumidores dejan de apoyarlas, de comprarles, las boicotean, etc., necesariamente cambiarán su forma de actuar, al menos en apariencia. De lo que hay que cuidarse, precisamente, es de estos cambios de disfraz, que muchas veces sólo ocultan la verdadera cara del monstruo corporativo.



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