La incomodidad del rival o el enemigo


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Federico Ferrero

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Nunca debemos subestimar la importancia de los pequeños y no tan pequeños detalles que logran que nuestro rival (en artes marciales o deportes de combate) o nuestro enemigo (en supervivencia de combate o defensa personal) esté incómodo mientras intenta atacarnos o defenderse.

Cuerpo a tierra
La postura de cuerpo a tierra puede ser cómoda y segura si optamos voluntariamente por ella,
pero transformarse en incómoda e insegura si nos fuerzan a combatir así en un terreno desfavorable.

El principio de la incomodidad del enemigo es viejo. Ya los arquitectos medievales que construían castillos lo conocían. Vemos así como, por ejemplo, las escaleras de caracol por las que se ascendían sus torres siempre empezaban hacia la derecha, dejando la baranda a la que agarrase del mismo lado. De esta forma lograban que, ante un asedio, los caballeros que subieran tuvieran que elegir entre usar su mano derecha para agarrarse o para agarrar su espada...es decir, tenían que elegir entre mantener un equilibrio precario, o no poder usar su espada con la mano derecha...y la mayoría de las personas, como sabemos (y sabían también los constructores de castillos) son diestras.

En los combates cuerpo a cuerpo, la postura (shisei) es fundamental. Una postura incómoda implica una pérdida o una difícil conservación del equilibrio, o quizás una molestia que desvía la atención de nuestro contrincante no permitiéndole concentrarse en la pelea.

Cuando el combate se desarrolla a más distancia, la falta de visión al estar con el sol de frente, la dificultad para respirar correctamente y otros detalles pueden significar la diferencia entre ganar o perder una pelea.

En la lucha en el suelo esto es evidente, el inteligente manejo de las distancias personales (proxemia), el jugar con la gravedad a nuestro favor, el valerse de puntos sensibles (cara, oídos, genitales, etc.) con aquellos que no tienen experiencia en esta puede significar el comenzar a ganar el combate de una forma inconsciente, y o tomar la iniciativa en esos instantes de instintivo desconcierto.

En todos los casos, el buscar y usar un terreno que nos sea favorable al tiempo que desfavorable para el enemigo es sustancial.

Nuestro rival debe sentirse incómodo, debemos buscar y capitalizar esos detalles que le generan molestas, aunque él no se de cuenta de a qué se deban. No debe sentirse a gusto donde nosotros estamos como un pez en el agua. De esta forma, tendremos ganada la mitad de la batalla.



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