Defensa personal: batalla psicológica


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Federico Ferrero

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Es fácil pegar un tajo
pa' cobrar una traición,
o jugar en una daga
la suerte de una pasión.
Pero no es fácil cortarse
los tientos de un metejón,
cuando están bien amarrados
al palo del corazón.

"Milonga Sentimental" - El Gran Combo

Muchos subestiman la importancia que tiene el aspecto psicológico en defensa personal. Olvidan que todas las situaciones potenciales de defensa personal pueden evitarse si se demuestra o se sabe aplicar fortaleza, sin que sea necesario demostrarlo físicamente.

El que agravia, cuando está en el uso de sus facultades normales (no afectado por las drogas, por ejemplo) será una persona que, como cualquier otra, tendrá instintos de conservación y de "depredador". Esto significa que, automáticamente, una persona que demuestre ser más débil será clasificada en su mente animal como una "presa fácil", mientras que una que no se deje amilanar no lo encontrará tan suelto a la hora de querer imponer su voluntad por la fuerza (de la mente, de las armas o de sus músculos) para robar, hurtar, violar o cualquier otra acción que vaya contra nuestra voluntad.

La fuerza psicológica no se transmite principalmente con las palabras. Como toda comunicación humana, es principalmente corporal, no oral. El lenguaje corporal dice aquí mucho, ya que está regido de forma inconsciente por la confianza que tiene una persona en sí misma para enfrentarse a una situación, en este caso, de supervivencia o defensa personal. La postura es en este sentido importantísima, ya que da señales inconscientes pero inequívocas al agresor: si estamos encorvados y con los hombros caídos, cabizbajos, con el pecho hundido, estamos diciendo: "me hago más chico porque me quiero ocultar de vos" o, más simplemente, "estoy a tu merced". En cambio, estar erguido, con la vista al frente, no evitar achicarse antes las miradas desafiantes, controlar con la mirada a todos los agresores, sacar pecho, indica todo lo contrario: "aquí estoy yo, te va a costar doblegarme".

Mostrar una actitud confiada tanto con el tono de voz, no mostrar señales de miedo en nuestra cara, y tratar al agresor como una persona más salvo que realmente no quede más opción que un enfrentamiento físico, son otras de las señales no verbales que nos pueden dar la iniciativa en la mayoría de las situaciones de defensa persona en las que hay una parte inicial de "tanteo verbal" por parte del potencial atacante.

Esto es tan cierto, que aquellos que dominan bien su postura, como ciertos maestros gracias a la práctica de artes marciales, y emanan un "ki", "chi", "prana" o como se quiera denominar a esa sensación de "fuerza interior" que se transluce en respeto y poder, llegan a tener muy pocos enfrentamientos reales de defensa personal, porque con su sola presencia ganan esa primera batalla que el atacante no sabe de forma consciente que perdió hasta mucho más tarde, la batalla psicológica.



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