Defensa personal: La ética de la defensa personal

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Federico Ferrero

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Las artes marciales y los deportes de combate suelen tener normas y reglamentos con el fin de evitar lesiones, o minimizar las más perjudiciales. Este código deportivo o disciplinario puede interpretarse como un tipo de "ética", que impide el "vale todo" en un combate de determinado deporte de lucha o arte marcial. Sin embargo, la defensa personal no puede adoptar este mismo código de conducta, ya que su objetivo no es disciplinario ni deportivo, sino estrictamente defensivo: se persigue exclusivamente la seguridad propia, no la del adversario.

Esto no significa que en defensa personal haya que ser cruel, o que no exista ningún tipo de moderación en el ataque o el daño a inflingir, sino simplemente que se podrán usar todo tipo de técnicas, por muy "sucias" o "inmorales" que puedan parecer, siempre y cuando la situación lo amerite.

Casualmente, algunas técnicas consideradas como "sucias" son las más efectivas, y muchas veces las únicas posibles en determinadas situaciones, o para personas más débiles (mujeres, niños, ancianos, etc.) o en inferioridad de condiciones (muchos contra uno, armado contra desarmado, etc.). Entre estas técnicas podemos mencionar: meter los dedos en los ojos o la boca, tirar del pelo, patear los genitales, estrujar las orejas o la nariz o luxar los dedos.

El límite para la rudeza en defensa personal, aunque no debería ser moral, existe. Por cuestiones legales y de eficacia, no conviene ni tiene sentido encarnizarse con una persona que nos ha atacado cuando ya cumplimos nuestro objetivo: defendernos y evitar otro posible ataque. La defensa personal, como uno de los apartados de las técnicas de supervivencia, será justa y ética en el sentido en que puede serlo un superviviente que no busque dañar a los demás, salvo cuando otro lo busque dañar a él. Así, la respuesta debe, para maximizar nuestras posibilidades, ser sólo la justa y necesaria para la defensa, dejar de lado la venganza y el descontrol, y no perseguir el ensañamiento de ningún tipo.

Hay que aclarar que, como toda regla de conducta, esta "respuesta proporcional" al ataque que debería aplicarse en defensa personal depende, en última instancia, del buen criterio del defensor para evaluar la amenaza en cuestión. Por lo tanto, debe tenerse en cuenta que no es perfecta, ni mucho menos seguida obligatoriamente por cualquiera que se defienda. Pienso, pese a todo, que esta es la forma de conducta más noble y justa (y además realista) que puede aplicarse para la defensa, simplemente porque si no fuera así, nuestra reacción dejaría de ser defensa, pasaría ser un ataque más.

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