La profesionalidad y los intereses comerciales en las artes marciales


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Federico Ferrero

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Hace tiempo que pasó la época del "maestro" que tenía potestad para elegir o rechazar a sus "discípulos". Ahora el maestro (o profesor) de artes marciales es en muchos casos un docente más, al que se le paga o se le remunera...y esto tiene su pros y sus contras.


Ejecución de una kata de judo

Ya nadie (imagino) piensa que una persona puede impartir su sabiduría sin restricciones de forma gratuita. Esta crítica, hecha en su momento a los filósofos Sofistas por parte de otros que tenían suficiente capacidad económica como para no cobrar por enseñar o hacerlo a grupos selectos (como los Platónicos), se cae por su propio peso desde el momento en que la búsqueda de la supervivencia económica es casi la principal actividad cotidiana de todos los que vivimos en el mundo moderlo y no nacemos con la fortuna de una riqueza heredada. Por otra parte, no se puede contentar a todo el mundo, y si se quiere contentar a la mayoría de los que quieren aprender (en este caso artes marciales) el que saldría perjudicado por invertir todo su tiempo en ello sin pedir nada a cambio sería el profesor o maestro. Por eso, es indiscutible que debe pagarse a los profesionales de las artes marciales, igual que se lo hace con cualquier educador, para que estos puedan financiar sus clases y vivir de lo que más saben o lo que más les gusta: la enseñanza de su arte marcial.

Sin embargo, cuando interviene el dinero, y el profesional no lo es tanto (cuando prioriza el aspecto comercial, ya sea por elección o por obligación) puede llegar a ocurrir que el arte enseñado salga perjudicado en el proceso...y lo que se busquen ahora ya no sean aprendices, sino clientes...aprendan estos o no, se sea sinceros con ellos o no...

Todo influye, no es lo mismo querer aprender o entrenar para competir, que hacerlo para "pasar en rato"; para aprender lo mejor posible técnicamente, o para divertirse; para encarar el arte marcial como un deporte, como una disciplina, o como una forma de defensa personal. Todos estos aspectos pueden darse por separado o combinados de todas las formas posibles, pero lo que siempre debe haber es voluntad y ganas para enseñar y para aprender, tanto por parte del alumno como del profesor...porque además de enseñar, todo profesor tiene que seguir aprendiendo, y además de aprender, todo alumno enseña algo al profesor.

Si lo que prioriza el maestro es ganar dinero, buscará incrementar su clientela, y esto, por supuesto, irá en detrimento de la enseñanza (existe un límite de alumnos para que una clase aprenda lo más eficientemente posible): probablemente el espacio será "optimizado" y se hará que entren en el tatami más personas de las que deberían, los horarios se reducirán al igual que las correcciones y explicaciones, las clases serán más relajadas, habiendo más charla que acción, los días de fiestas o feriados no habrá clases, si se puede la gente se irá antes y el profesor no hará nada para evitarlo, etc. etc. A nivel institucional, surgirán federaciones, asociaciones y distintas organizaciones que, pese a en alguno casos declararse "sin fines de lucro", siempre buscarán dinero para su supervivencia y la de sus mandos, cobrando por cursos, exámenes, licencias, titulaciones, colegiaciones y demás derechos para ostentar un título o ejercer como formador, maestro, profesor, etc. etc. En resumen, la enseñanza se transformará en una parte de un proceso capitalista, se buscará maximizar un negocio, ganar más dinero.

Esto no siempre será bueno o malo en sí, y ni tampoco "culpa" del profesor o la institución implicada. Porque si un profesor está contratado por un gimnasio (por ejemplo), se verá sometido a sus reglas...y los gimnasios son empresas, y las empresas tienen como objetivo ganar dinero... Y si una institución quiere garantizar un seguro médico para sus asociados, translados, etc., debe cobrar una cuota.

Vivir de la enseñanza en las artes marciales es complicado. Pero si se logra, mantener la profesionalidad lo es todavía más. Por eso los profesores de artes marciales que son fieles a su disciplina deberían tienen un largo esfuerzo por delante si no quieren engañarse a sí mismos. Y estos profesionales, cuando ostentan cargos administrativos o institucionales en federaciones o asociaciones, deberían aún más (si cabe) esmerarse por no buscar principalmente el lucro, sino el fomento de su arte.

Los alumnos, por su parte, deben saber distinguir entre los maestros y las intituciones que hacen este esfuerzo por mantener la calidad de sus clases y servicios, y aquellos que sólo priorizan el ganar dinero a costa del esfuerzo de los demás, esfuerzo al que ellos, por supuesto, no contribuyen como debería ser.



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