La lucha contra la entropía y la supervivencia


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Federico Ferrero

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En condiciones normales podemos identificar a la entropía con la rutina o las costumbres irracionales. Es decir, con todo aquello que realizamos "automáticamente" sin un sentido que vaya más allá de una vaga sensación de hacer algo por hacerlo, nada más.

Como personas (o si realmente queremos SER personas), necesitamos incentivos, motivaciones, una dirección (o varias) a seguir. Cuando no las tenemos, somos vencidos por la entropía, por el caos que rodea (o que infiltra) todo sistema.

La voluntad es una forma de orden, un sentido logrado por el impulso hacia algo en un momento dado. Cuando ese impulso se pierde, tendemos a volver a funcionar "de forma natural", tendemos a hacer lo que todos hacen y caer en la mediocridad.

Hay gente (la mayoría, normalmente) que "hace lo mismo que todo el mundo", o simplemente "no tiene nada que hacer en la vida", que no hace más que sobrevivir por inercia, sin aportar un valor agregado a la vida normal. Estas personas no luchan contra la entropía: son ya parte de ella, no sabrían decir exactamente desde cuando (y nosotros tampoco). Son como peones movidos por la mano de un Dios que no da lugar a la voluntad. Disfrutan de la paz de los muertos en vida, las ventajas de la mediocridad y la serenidad de la caída perpetua de los decadentes. Son durmientes que no pueden despertarse, son diferentes pero se esmeran en ser iguales. Son aquellos que no comprenderán estas reflexiones, son aquellos que llenan el mundo y son culpables de todas sus perniciosas consecuencias.

La entropía lleva a la anulación individual, y a la destrucción colectiva. Los problemas ecológicos que los humanos tienen con el planeta y sus implicaciones perniciosas para la supervivencia propia y de otros seres vivos no se deben más que a una expresión aumentada de esta dejadez, de esta falta de motivación por el perfeccionismo, de esta comodidad llevada al extremo del dejarse llevar sin más, sin comprometerse, sin debatir, sin poner en duda lo que todos consideran axiomas, como hizo en su momento Einstein, Dalí y algún que otro lúcido loco que luego la sociedad se apresuró a calificar de genio (por si acaso).

No es cuestión de "crearse" motivaciones a la fuerza. Es cuestión de encontrarlas. El destino puede ser una trampa, por lo tanto, no hay que esperar, hay que buscar, hay (una vez más) que explorar. Y entre los resultados de nuestra exploración, nos quedaremos con lo que se adecue a nuestro gusto. Siempre habrá momentos en los que mantengamos un pulso con la entropía, y ese será el momento crítico en que no habrá que bajar los brazos.

El sólo hecho de sentir esa lucha contra el caos, hace a una persona digna de ganar la lucha. Porque como dice el clásico refrán marcial: "si luchas puedes perder, pero si no luchas, estás perdido".

El sentir el problema y el peso del caos es el primer paso, el tener la voluntad para luchar tiene que ser vista como la antesala del triunfo. Y debe ser así porque la opción que queda no es más que la muerte prematura, la muerte en vida, ya que así de cruel y real es la entropía.



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