Lo que hagamos o lo que hagan otros sin duda influirá en nuestras chances de sobrevivir a una emergencia o situación complicada de cualquier tipo. Saber distinguir entre las situaciones que dependen de nuestra capacidad, y las que dependen de la capacidad de otros o de las propias circunstancias puede constituir entonces la diferencia entre la vida y la muerte.
La teoría psicológica de la atribución que se encarga de dar respuestas a cómo la conducta de los individuos influye en su motivación en función del éxito o el fracaso de sus acciones. De esta forma nos da las bases para entender las distintas formas en que podemos explicar los resultados de una situación de supervivencia en la que nos podemos ver implicados, y cómo estos pueden influir positiva o negativamente en nuestra conducta, al mejorar o empeorar nuestra motivación y/o nuestra autoestima.
Con frío pero motivados: ¡¡habíamos logrado sobrevivir a dos situaciones de emergencia!! Y lo mejor de todo, teníamos comida, ¡todo un lujo para unos supervivientes!
Así, en principio, podemos decir que el resultado positivo (éxito) o negativo (fracaso) de una acción de supervivencia depende de cuatro factores:
- La habilidad, destreza o capacidad propia (del individuo y/o grupo).
- El nivel de aplicación de esta habilidad, es decir, el esfuerzo realizado para sobrevivir.
- La dificultad del logro a conseguir para poder sobrevivir.
- El azar o el factor suerte.
Ahora, en lo que a la motivación y la autoestima se refiere, el problema consiste en a cuales de estas causas atribuye el superviviente o practicante de la supervivencia la razón de sus éxitos o fracasos. Y, a su vez, cuales de estas causas considera como excepcionales o recurrentes.
Por ejemplo, alguien puede pensar que no pudo encender un fuego porque no tenía leña seca, y atribuir esto a algo que escapa a su control o pericia (simplemente, no había leña seca) y por lo tanto, no darle demasiada importancia ("¿para qué preocuparse de algo que no depende de mi, que no puedo controlar?", piensa).