Atocha, el fumadero de Madrid como ejemplo


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Federico Ferrero

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El nivel de una sociedad se ve rápidamente en el grueso de su gente, en la masa que inunda sus centros urbanos, los que actúan para evitarlos, son verdaderos supervivientes modernos. En Madrid, sólo hace falta echar un vistazo para decepcionarse de la actitud de algunos en los lugares públicos, y la pasividad de otros que terminan siendo víctimas del sistema.

La estación de tren de Atocha es mundialmente famosa, desgraciadamente no por cuestiones arquitectónicas o turísticas, sino por haber sido el escenario del mayor atentado terrorista de Europa, el del 11-M de 2004. Sin embargo, en este caso le vamos a dar protagonismo por otro hecho, si no igual de "agudo" y trágico, sí tristemente "crónico" y revelador de en lo que está transformándose cada vez más esta sociedad decadente de la mano de lo que algunos insisten en llamar "progreso".

Cualquier turista y (por supuesto) madrileño, sabe o puede comprobar como, pese a la existencia de una ley nacional, y la infinidad de carteles que recuerdan la prohibición, cientos de personas fuman y fuman todo el tiempo en los andenes del centro neurálgico de los ferrocarriles madrileños (Cercanías). Estas personas, trabajadores, turistas y estudiantes en su mayoría de camino a su trabajo, obligan al resto de los viajeros (también, mayoritariamente trabajadores, estudiantes y turistas, que pasan por ahí a esperar diariamente su tren) a chupar su asqueroso humo, al transformar la estación en una verdadera trampa mortal, un fumadero imposible de evitar.

La situación es tan normal, que ni las personas que ni los no fumadores o los que respetan la prohibición de fumar (la mayoría) ni los guardias de seguridad de Cercanías, hacen nada para hacer cumplir la ley, para recordar a eso fumadores irrespetuosos que si quieren matarse, por lo menos debería evitar matar a aquellos que elegimos no fumar.

Así, Atocha, el fumadero de Madrid, es una vergüenza y una prueba palpable de como las leyes no sirven para nada cuando nadie las hace cumplir haciendo oídos sordos y mirando para otro lado. Y, sobre todo, cuando la gente no hace valer sus derechos, y camina a su trabajo como zombis descerebrados e imprescindibles engranajes del sistema al que ayudan a dar cuerda día a día...

Los pocos que pensamos lo contrario (o más bien, que pensamos) poco podemos hacer por evitar estas aglomeraciones de decadencia, salvo quizás buscar formas alternativas de vida que impliquen pasar lo menos posible en esos lugares, y escapar de la rutina ciudadana y su contaminación inevitable, buscando aprovechar la más mínima oportunidad.

La supervivencia urbana, en este apartado que corresponde al eludir a las concentraciones de personas, implica (por ejemplo), sacar el billete o pasaje, de ser posible, en las estaciones de origen, no en las centrales y más concurridas; elegir trayectos alternativos, ya sea en tren, autobús, automóvil o en avión, que permitan evitar paradas en lugares "típicos", y por lo tanto atestados de gente (grandes aeropuertos, estaciones donde confluyan todo tipo de líneas, paradores turísticos, etc.).

Sí, puede que esto implique viajar un poco más o incluso sea más caro (pagar algunos peajes, billetes más prohibitivos, etc.), pero las ventajas son muchas: mayor tranquilidad, menor estrés, mejor salud por evitar la exposición a los lugares más contaminados, menor posibilidad de atascos o embotellamientos de tránsito, menor riesgo de sufrir atentados terroristas que suelen darse contra el sistema (que normalmente se dan en lugares concurridos), etc.

Por eso el fumadero de Madrid es también un ejemplo de como los pequeños detalles pueden, en el largo plazo, ser fundamentales para contribuir a acabar con nuestra vida, y cómo teniéndolos en cuenta multiplicamos nuestras chances de supervivencia.

Actualización a fines de 2011

Esta nota fue originalmente escrita en el año 2007. Actualmente puedo decir que algo mejoró la situación, ya que puede probablemente haya mejorado algo la situación, ya que en otra de las grandes estaciones madrileñas pude ver recientemente, por primera vez, como unos guardias de seguridad le decían a unas personas que dejaran de fumar...sin embargo, no sé si tomar esto como una excepción o como la norma ya que (casualmente) a las que se lo decían eran dos mujeres gitanas, y es sabido que muchas veces los controles de las fuerzas de seguridad españolas (como reveló un reciente informe de Amnistía Internacional) suelen cebarse principalmente sobre inmigrantes y personas de aspecto marroquí, gitano o sudamericano.



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