La estética del fumador, la estética de la muerte encubierta


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Federico Ferrero

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Es tan curioso como asqueroso ver la estética (las posturas y las actitudes) asociadas a una forma de vida ligada al tabaco. Gracias en parte al propio hecho de manipular ese asqueroso incienso tóxico llamado cigarrillo, y gracias en parte a su asociación en películas y otros medios de comunicación a ciertas actitudes socialmente aceptadas, la estética del tabaco es todo un mundo digno de un estudio antropológico.

Las personas que fuman muchas veces se transforman cuando tienen un cigarrillo en la mano...vemos que adquieren una actitud más segura, como si el cigarrillo les devolviera por un instante su voluntad perdida, como si fuera una parte de sí mismo que se consume una y otra vez, pero que cuando no está los deja sin una excusa a la que aferrarse, un placer social y amargo que no pueden evitar.

La mano ahuecada ocultando el cigarro (consecuencia del que en su momento fuera un vicio prohibido), el soltar el humo haciéndose el importante (como si de un actor de cine se tratara), el tirar la ceniza de forma casi religiosa (rituales que engalanan una adicción), el tener el incienso mortal en la boca de forma fanfarrona y chulesca ("soy mejor porque fumo") hablar, gesticular o jugar con él, como si se tratara de algo necesario para la comunicación y parte de la vida, cuando realmente es todo lo contrario.

Esta es la estética del fumador, la estética de la decadencia, la estética de la corrupción y la muerte encubierta.

Es la estética de aquel que se miente, que se deja engañar por las apariencias, que prefiere depender de un vicio para ser aceptado por los demás, o simplemente "por que sí". Es la estética del que elige por ultima vez dejar de elegir para poder ser como la mayoría, ser aceptado por esa mayoría de los que no usan ya su libre albedrío.

Negarse a sí mismo esta asquerosa estética que sirve a los que negocian con la muerte y la enfermedad, una vez "implantada" en una persona, puede ser fácil o difícil...todo depende de como se lo mire. ¿Es fácil recuperar la independencia? Si uno quiere sí...pero precisamente ahí está la cuestión... Mientras tanto, los que somos conscientes, repudiemos la estética del fumador, porque es una trampa para la vida no sólo suya, sino también la nuestra.



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