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Es algo bastante normal el escuchar como los fumadores comentan que el cigarrillo "calma la tos" o que cuando dejan de fumar se sienten más enfermos que cuando fuman. Esto que parece ser contradictorio con el hecho absolutamente probado de que fumar es mucho más perjudicial para la salud que no fumar, no es en realidad contradictorio, sino que es simplemente fruto del desconocimiento o la ignorancia de la fisiología de nuestros pulmones, es decir, de cómo funcionan para defendernos de las agresiones externas.

Las células que revisten las vías respiratorias están externamente revestidas por unos "pelitos" llamados "cilios". Estos cilios se mueven tan como lo haría una espiga al viento, pero de forma voluntaria, de abajo hacia arriba, arrastrando el polvo y cualquier otra sustancia perjudicial que, al entrar en nuestros pulmones, haya sido captada por la mucosidad que se genera para tal fin. Este mecanismo se ayuda con el reflejo de la tos en el momento indicado, haciendo que estas mucosidades pasen de las vías respiratorias, al salir de estas ayudadas por los cilios, al aparato digestivo (sí, puede parecer asqueroso, pero así es como pasa).

Ahora, el humo del cigarrillo (no decimos del tabaco, porque de tabaco tiene poco o nada) no solamente irrita a las células de nuestras vías respiratorias, sino que tiene la particularidad de "adormecer" dichas paredes. Cuando esto ocurre, los cilios dejan de actuar, y el reflejo de la tos se mitiga. En realidad lo que está pasando es que no dejamos hacer al organismo su trabajo, es decir, defenderse contra la agresión externa que es el propio cigarrillo, y dejando que toda la porquería que entra en los pulmones al fumar se vaya acumulando y enquistando cada vez más.

Es por eso que muchas veces los fumadores al levantarse a la mañana sufren ataques violentos de tos, pero que estos e palian al fumarse el primer cigarrillo matutino, y no se presentan más durante el resto del día. Sucede que al acostarse, estando en posición horizontal, los cilios trabajan mejor a no luchar contra la gravedad, y "barren" las mucosidades hacia la tráquea. Al despertarse, la tos quiere continuar su trabajo intentando deshacerse de eso mocos, pero el fumador, al volver a fumar (y por el mecanismo que acabamos de explicar), no se lo permite.

Aunque médicamente no está confirmado que sepamos, en Andinia sospechamos que entre las miles (literalmente) de sustancias (no controladas de forma alguna) que se le agregan a la insignificante porción de tabaco que tiene el cigarrillo, existirán algunas anestésicas locales, tal como pasa con los dentífricos que las contienen para evitar sentir las pequeñas lesiones que nos producimos en las encías al cepillarnos los dientes. Este efecto anestésico, agregado o no, de hecho existe, y es el resultante de que muchos fumadores crea los mitos de que el cigarrillo evita las gripes, constipados y resfríos.

Debemos recordar que las enfermedades no son "malas" en sí, sino una reacción del organismo frente a determinada agresión. Si no dejamos que el organismo reacciones (se enferme) causando la posterior supercompensación (vuelta a la salud o homeostasis) estaremos realmente enfermos, tal como pasa cuando uno es adicto al tabaco o los cigarrillos. Es decir, sufriremos una "enfermedad fulminante" que el organismo no podrá compensar o solucionar, porque no se le dejó hacerlo cuando todavía era posible.


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