P. Edronkin

La salubridad e higiene fundamentales en los refugios cerrados



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No es que la gente cuando se encuentra al aire libre se torna más saludable y resistente a las enfermedades, sino que la ciudad, las construcciones y los sitios cerrados aumentan las probabilidades de contraerlas.

Esta afirmación se contrapone a un mito muy común que no es correcto pero que se basa en la apreciación de hechos concretos: Pareciera que cuando estamos en el medio de una aventura al aire libre, en una montaña, en el medio de una zona rural, etcétera, no nos enfermamos con tanta facilidad como en las ciudades.

Lo que sucede, y particularmente en ambientes o momentos en los que nos vemos a cerrar puertas y ventanas, como durante el invierno, es que el aire encerrado dentro de una habitación empieza a concentrar con el paso de las horas un número cada vez mayor de microorganismos que nos pueden afectar. Es decir, cuanto más tiempo estemos encerrados, mayor es la probabilidad de que nos enfermemos.

Los resfriados o resfríos, por ejemplo, no tienen nada que ver con el frío en sí sino con lo que hacemos a causa del mismo, es decir, encerrarnos. Esto es algo importante para considerar en cualquier campamento: Es necesario ventilar las carpas o tiendas, las bolsas o sacos de dormir y hasta la vestimenta todos los días.


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