P. Edronkin

El Islam podría mejorar su imagen pública alrededor del mundo



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En las últimas décadas se han manifestado renovados conflictos en el Medio Oriente, y casi todos ellos tienen que ver con la relación entre Israel y EE.UU. por una parte, y las naciones musulmanas por la otra, con el petróleo o por cuestiones religiosas en general. Estos conflictos, haciendo a un lado las razones o derechos de cada una de las partes en esas cuestiones, son vistos en todo el mundo como representados por los líderes que hablan sobre ellos. Es decir, nos enteramos de las opiniones y puntos de vista de la O.N.U. cuando habla su secretario general, algún jerarca de la organización o algún embajador. Nos enteramos de la posición de Israel, EE.UU., la U.E. y otros cuando hablan primeros ministros, presidentes, embajadores o secretarios.

Pero casi siempre, nos enteramos de la posición de las sociedades musulmanas vía sus jerarcas religiosos: por contraposición, es muy raro ver que en occidente, en China, Japón, Taiwán y otros países sean personas de extracción religiosa las que hagan manifestaciones en cuanto a política se refiere. Esto evidentemente denota que la religión en tanto es una organización, tiene mucho poder político en el Islam. Esto no es ventajoso puesto que la historia - en numerosas ocasiones y en las más diversas culturas y etnias - ha probado que se debe separar al estado de la religión.

Pero el mayor daño se hace cuando una persona vestida en atavíos religiosos empieza a hacer manifestaciones que tienen que ver con lo bélico o peor aún, con la promoción de actividades terroristas. Esto es lamentable porque tanto para quienes no somos musulmanes como para la gran cantidad de gente que lo es, se empieza a asociar desde lo subliminal hasta lo consciente al Islam con la violencia. Las religiones no tienen nada que ver con esto y existen para que los seres humanos tengamos paz interior: el Islam es una de las mayores religiones del mundo, y junto con el cristianismo tiene una responsabilidad global como entidad que va más allá de la creencia pura, lo que quiere decir que quienes tienen cierto grado de poder dentro de estas dos expresiones de fe deben ser responsables y preocuparse por el ejemplo que dan y la norma que sientan.

En el pasado, entre los cristianos se convocaban cruzadas y se quemaban brujas: hoy en día, en el Islam, se llama a la guerra santa cada dos por tres y se matan infieles de muchas maneras diferentes, incluyendo el degüello público y por televisión. A la larga esto puede crear conflictos a gran escala y cuestiones geopolíticas inquietantes, pero también hay que decir que estimular, tolerar o pretender ignorar estos hechos y que tales cosas suceden con una gran frecuencia dentro del mundo islámico es algo que constituye un grave error histórico. Basta ver que en el seno de las naciones cristianas todavía se critica severamente a la religión por lo sucedido hace cientos de años, las confesiones han perdido feligreses y la iglesia ha perdido poder.

El recelo y la desconfianza son cosas comunes entre los seres humanos; hay un cierto grado de desconfianza mutua entre cristianos y musulmanes, y este tipo de cosas solamente contribuyen a acrecentar esta sensación que como sabemos por la experiencia histórica, tarde o temprano culmina en conflictos violentos. Estimular el terrorismo y basarlo en la doctrina religiosa ha sido una herramienta que se ha empezado a usar contra Israel, Estados Unidos y Occidente - en ese orden - principalmente desde la derrota de los ejércitos árabes en el conflicto del Yom Kippur, en 1973. Desde entonces, algunos países vecinos de Israel, como Jordania y Egipto de forma abierta, y otros de manera más discreta, han decidido hacer la paz con la nación judía: otras, en cambio, vieron que con ejércitos convencionales no podrían obtener una victoria y optaron por el terrorismo y la guerrilla.

Sugerir como es común dentro del Islam que ellos han sido "provocados" y que tales acciones son una respuesta justa u obvia es sencillamente un argumento infantil, y más aún: una estrategia de este tipo es difícil de controlar, pero puede ser contrarrestada aunque de manera cruenta - y por eso no es de sorprender que los israelíes sean tan duros con sus vecinos - y a la larga termina por borrar las diferencias entre la doctrina que sustenta a los grupos que encaran acciones violentas, con la violencia en sí misma. Es decir, cada vez más se forma en la percepción de la gente alrededor del mundo la idea de que Islam es sinónimo de violencia: eso es lo peor que le puede suceder a una religión y es responsabilidad de los musulmanes - sin por ello tener que cambiar de opiniones o puntos de vista en lo político - que tal percepción cambie.

Ya es suficiente con que tengamos políticos corruptos y violentos en el mundo, y la religión debe ser un ejemplo de cómo debería ser el mundo en vez de acompañar esta degradación: son las propias sociedades islámicas las que tienen que evitar que los clérigos aparezcan en las mezquitas o por televisión promoviendo acciones por medios violentos: esto no es para favorecer a las naciones occidentales, sino al propio Islam. Muchas veces, desde dentro del mundo islámico, se protesta contra argumentos como el que estoy planteando diciendo que fueron los judíos, los cristianos, etc. quienes empezaron con las peleas. Esto puede ser cierto o no pues en una disputa todos tienen algo de razón: pero al adoptar la violencia como respuesta a los problemas, incluso si asumiéramos que los islámicos tienen toda la razón en cada cosa contra la que protestan, simplemente se colocan a un nivel igual o más bajo del que tienen quienes ellos critican, y eso los hace iguales o peores, porque al ver algo que está mal en vez de corregirlo, muchas facciones del Islam abrazan a la destrucción.

Y este es un problema para todos y no es un juego para apostar: basta ver lo que sucede dentro de países que han abrazado la fe del Islam y en los que terroristas basados en el fundamentalismo islámico tienen libre albedrío: en Afganistán e Irak ya no se trata de la resistencia a una invasión, sino de musulmanes contra musulmanes, y a escala del mundo es un asunto de humanos contra humanos que debe terminar de una vez.




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