P. Edronkin

Religión y supervivencia



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En materia de religión y supervivencia podemos ver distintas facetas, pues por más increíble que pueda parecer, ambas cosas se relacionan profundamente:

- En primer lugar, la religión es parte de lo que significa la supervivencia de las personas y las naciones pues los humanos siempre necesitamos algo en que creer, una causa o una cosa que nos indique un camino hacia el porvenir. Perder las esperanzas significa pensar que nada va a cambiar, y la religión siempre es algo que brinda esperanzas e una vida mejor en lo material, en lo espiritual, o incluso en otro mundo.

- También hay que ver a la religión como una herramienta para la supervivencia: precisamente porque sirve como algo de lo que aferrarse, en algunas situaciones de emergencia, de supervivencia, de profundo temor, etc. puede ser de utilidad para mantener la moral y el estado de ánimo de las personas afectadas.

- En otros casos puede ocurrir que se deba sobrevivir a la religión: en el medioevo cristiano o en la actualidad musulmana, las personas muchas veces se convierten en víctimas de la intolerancia y las persecuciones religiosas. Basta recordar a Torquemada o a los Talibanes para ver lo que ello significa: en estos casos, el fanatismo religiosa ha creado auténticas situaciones de supervivencia con características muy particulares.

- En situaciones de combate, más allá de la supervivencia en sí misma, la religión puede servir como un vigorizante para el estado de ánimo de los soldados o combatientes: los fundamentalistas islámicos basan su entusiasmo para pelear en esto, y durante las guerras en general, al menos en el mundo cristiano los soldados tienden a tornarse más religiosos y escuchar a sus capellanes.

- Y por último hay que analizar a la religión en función de la supervivencia de la gente en asuntos políticos y guerras: en diversos conflictos armados las estructuras sociales religiosas han servido para pactar treguas, apaciguar a la gente y mantener cierto grado de orden, como sucedió en Irak inmediatamente después de la caída de Saddam Hussein. Fueron los clérigos musulmanes quienes resultaron ser las únicas autoridades con cierta credibilidad como para evitar la anarquía total.

La religión, para bien o para mal, es parte de la naturaleza humana. Es cuestión de la antropología estudiar el porqué de este tipo de cosas, pero no hay civilización o cultura que no haya desarrollado alguna forma de religión. La misma, al descubrirse el poder de convocatoria que tiene entre las personas puede utilizarse para aglutinar a un pueblo con más fervor y de manera más perdurable que la política, como logró hacerlo Salomón, rey de Israel hace unos tres mil años, y puede utilizarse muy mal como ocurrió durante las cruzadas, o como lo están haciendo los fundamentalistas islámicos en la actualidad.

Pero no se puede ignorar el poder de la religión: destruir, sobrevivir o construir con ella es algo que queda en quienes profesan ideas y deben elegir entre ser auténticos creyentes o hipócritas.




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