P. Edronkin

Comentarios sobre el fanatismo político-religioso



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La religión en cualquiera de sus facetas es una creencia: se puede creer en la palabra divina revelada, en un libro sagrado o en la existencia de determinadas cosas. Todas las religiones tienen un fuerte componente de esto y todas son respetables pues no se puede probar que ninguna esté en lo cierto o equivocada, pero aún cuando las religiones pueden ser vistas desde este punto de vista, hay personas que las pueden interpretar de forma incorrecta.

¿Cómo es esto posible? ¿Cómo se puede decir que las religiones son correctas pero incorrectas a la vez? Es sencillo: toda religión resulta excluyente por sí misma, pues para asumir que es 'la verdad' está implicando que todo lo demás es la 'no verdad', y de ahí a caer en la intolerancia hay un solo paso. Dependiendo de qué paso se tome, se puede pasar de lo que es simplemente diferente a lo que es sencillamente intolerante. Y si analizamos la evolución histórica de diversas religiones veremos que en esencia, aquellos momentos en los que parte de sus creyentes se han vuelto muy intolerantes, se han presentado algunos elementos de forma común:

- La religión es utilizada con fines políticos o se mezcla con la política. Cuando la religión asume el rol de una facción política, o bien cuando se emplean las creencias religiosas para hacer política, generalmente las cosas se tornan violentas. El caso de las cruzadas y de la expansión europea en América constituyen ejemplos claros, pero no son los únicos: las luchas entre budistas y hindis en Sri Lanka, y la célebre Jihad islámica, un concepto interpretado actualmente en beneficio del terrorismo islámico en la actualidad son casos actuales de esta mezcla explosiva.

- Cuando el clero es fácilmente penetrable por personas sin instrucción religiosa en grado suficiente. El caso de Savonarola en Florencia, el de Jim Jones en Guyana, David Koresh en Estados Unidos, y el de los grupos terroristas del fundamentalismo islámico constituyen ejemplos de esto: en todos estos casos se trata de personas carismáticas pero que no han hecho una verdadera carrera de la vida religiosa, sino que son individuos comunes que sin atravesar por los sistemas y jerarquías propias de una gran organización, adquieren una preponderancia o relevancia que de otro modo no les correspondería. Savonarola, pro caso, no era nadie dentro del organigrama del cristianismo comparado con la familia Borgia, con la que tenía un particular encono. Sin embargo, as circunstancias del momento le otorgaron una relevancia que normalmente no cabría para un religioso de bajo rango.

En el pasado hubo estados cuyo poder político se centró alrededor de la religión, los faraones de Egipto y los reyes del Israel antiguo eran figuras tanto políticas como religiosas: Salomón, rey de Israel alrededor del año 950 A.C. es indudablemente una figura de características religiosas muy importantes, figurando de manera importante en el antiguo testamento.

Pero Salomón era además un líder militar de importancia; el ejército de Israel se caracterizaba entonces por poseer una importantísima fuerza de 'Nerkabtus' o carrozas de guerra, lo cual en aquel entonces era análogo a la infantería mecanizada y los blindados de la actualidad.

Me parece bastante pobre el argumento utilizado frecuentemente por quienes apoyan en alguna medida las acciones de grupos como Al-Qaeda, Hezbollah, Hamas y otros similares, justificándose en que como sus adversarios pretendidamente son violentos, entonces ellos se están defendiendo o resistiendo por su patria y por su religión; si de religión se trata, entonces hay que ser mejores que quienes criticamos, y no igual de crueles y belicosos. Tales argumentos solamente sirven para perpetuar los problemas en vez de solucionarlos, y para justificar la violencia pues es la única forma en la que tales grupos pueden secuestrar las mentes de los creyentes honestos.

En el pasado las cuestiones políticas y religiosas solían saldarse con sangre y violencia. En la actualidad afortunadamente no es así en todos los casos, pero como ocurre precisamente en Medio Oriente, cuando la religión y la política se mezclan irresponsablemente, los problemas empiezan. En estos momentos el mayor riesgo proviene quizás del lado de las interpretaciones fanáticas que han surgido dentro de la cultura del Islam. Esto no quiere decir que la religión musulmana sea algo malo, de ninguna manera, pero sí que dentro de ese enorme grupo de ideas, personas y creencias que constituyen la religión islámica, algo está sucediendo que permite que personas violentas de por sí adquieran posiciones de mucho poder, y es hora de revisar las causas de este proceso para evitar las consecuencias.

Lo que afirmo no quiere decir que nadie debe cambiar sus opiniones, pero que particularmente en el caso del Islam pero hablando también en términos generales, hay que ser suficientemente honestos, valientes y educados, como para tratar de terminar con este tipo de pretextos y bajar los decibeles y discutir los problemas del mundo de manera más civilizada. El Islam, creo yo, tiene en estos momentos una especial responsabilidad en esto porque la gran mayoría de los hechos terroristas relacionados con motivos religiosos provienen de su seno.

La religión existe para enaltecer el espíritu humano, pero colocar bombas y disparar cohetes solamente sirven para destruirlo.




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