P. Edronkin

Groenlandia y el calentamiento global



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Poco después de que el huracán Katrina devastara la ciudad de Nueva Orleáns, yo me encontraba mirando por televisión el programa de noticias de la BBC. Allí, el periodista Alastair Yates entrevistó brevemente a un ex asesor del primer presidente Bush, a quien le preguntó más o menos si ya no es tiempo de que Estados Unidos reconsidere su posición respecto del Protocolo de Kyoto en vista de que los desastres naturales que parecen ser producto del cambio climático global están empezando a tener consecuencias algo severas.

Pero el entrevistado, un hombre de barba y que estaba usando un parche en un ojo - no es broma - contestó que en realidad no, y retrucó que el calentamiento global puede ser en realidad bueno para la economía mundial, diciendo que algunos de sus efectos negativos, como una mayor propagación de la malaria pueden ser fácilmente administrados, y que la desaparición de glaciares podría dejar a más tierras cultivables.

Y también citó el caso de Groenlandia y el cambio climático que sufrió hacia fines de la edad media, para ejemplificar su caso, afirmando que antes de ese cambio, en la gran isla había colonos vikingos, que luego desaparecieron.

En mi opinión, este señor es un imbécil. Un bruto vestido con traje que es un ejemplo perfecto de la clase de bestias humanas que el gobierno norteamericano debería esconder en zoológico privado si es que quiere recuperar algún respeto y credibilidad, porque las epidemias no se 'administran' sino que se erradican, y porque lo que dijo de Groenlandia y los glaciares es tan disparatado que cuesta creer que semejante individuo fuera alguna vez un asesor presidencial.

Considerando que en Estados Unidos se encuentran muchas de las mejores universidades del mundo, y que el complejo de investigación y desarrollo estadounidense es el mayor del planeta, los presidentes de aquel país tienen una cantera suficientemente prolífica como para procurarse a sí mismos asesores de buena calidad profesional.

Basta ver lo que queda después de que un glaciar desaparece para darse cuenta de que no hay nada que cultivar, pues debajo del hielo no hay precisamente humus, sino roca y piedras de muy poca utilidad práctica. Y respecto de Groenlandia, precisamente, marca el ejemplo de que en ecología y medio ambiente, así como cuando se apuesta en un casino, no se puede arriesgar lo que uno no puede perder. Es cierto que allí existieron colonias vikingas, y que desaparecieron precisamente porque hubo un cambio climático hacia el siglo XIV, y ¿qué quedó? Absolutamente nada, pues es bien sabido que Groenlandia es tan gélida como la Antártida.

¿Tendrá idea ese señor con un parche en el ojo de lo que significa un calentamiento global de dos grados en promedio? ¿Sabrá que el planeta Tierra, como todo sistema, tiene límites para su funcionamiento seguro?

Sí, es cierto que un poco más de malaria difícilmente eliminaría a la humanidad, pero el progreso significa ir para adelante y no en reversa: en el medioevo, la peste bubónica tampoco era un problema absolutamente catastrófico... hasta la gran peste que eliminó a la mitad de Europa. Ninguna guerra y ningún dispositivo armamentista - desde las flechas hasta las bombas de neutrones - han acabado con la humanidad hasta ahora pero ¿ello convierte a semejantes armas en algo bueno o deseable?

Desde 1750 la economía mundial, la productividad, la tecnología, el número de seres humanos sobre el planeta han crecido de forma sustancial, al punto que no existe en la historia de nuestro mundo, de 4.500 millones de años de antigüuedad, un antecedente como el que nosotros mismos provocamos: que una especie animal o vegetal haya asumido una posición tan dominante en el planeta que su propia existencia y expansión ya está causando hasta cambios geológicos. ¿Realmente podemos seguir por este camino? ¿Cuanto más puede soportar la Tierra como ecosistema?

No tiene nada de malo que la economía sea sana y próspera, pero los líderes de verdad siempre deben pensar en el largo plazo y obrar de forma trascendente (Ver The Skowronek Bankers). Si pensamos sobrevivir como especie, si queremos que nuestro planeta sobreviva como bioma, no podemos andar pensando por ahí que los daños ambientales son tolerables, pues no lo son. Si algo existe, si la naturaleza puso a un bosque, a un cardúmen, a un río o a un lago en determinado sitio, por algo es. No es de ninguna manera inocuo pretender saber más que la naturaleza misma. Ver en las noticias cosas como un bloom de algas se ha transformado en casi una cosa de rutina, en algo "tolerable", cuando en realidad los blooms de algas pueden ser sumamente nocivos, como en el caso de la marea roja, y en los últimos años, si han ido en aumento no es porque estamos haciendo las cosas mejor.

No se puede buscar una ventaja en el corto plazo a expensas del futuro. Tal cosa sería criminalmente idiota. Algo así como un pecado capital, y que tal cosa no esté expresada por escrito en los fundamentos de la civilización, como son las tablas de los mandamientos, no significa que cuidar el medio ambiente sea algo carente de importancia. Es obvio que en la época de Moisés y su hermano Aarón no se tenía una idea acabada de lo que es el medio ambiente, pero podemos apostar a que si la hubieran tenido, habría once mandamientos en vez de diez, y uno sería cuidar al propio mundo en el que vivimos.

No se puede apostar lo que no se puede perder; esa debe ser la norma para administrar la falsa economía versus el medio ambiente.





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