Norma Risso - Investigadora Asociada - Andinia.com.

Exiliados Políticos Argentinos en la España de los '70 (XII)

Por Norma Risso
Lic. Ciencias de la Educación 
Lic. en Comunicación Social


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En Europa se sabía con detalle todo lo que ocurría en la Argentina y eso contribuía al buen recibimiento de los españoles, especialmente de parte de aquellos que tenían clara conciencia del rol jugado por los argentinos en la buena acogida del inmigrante español huido del franquismo y aún de los menos politizados pero que recordaban todavía el pan de la guerra hecho con la harina mandada por Perón.

Si bien durante la gestión de Adolfo Suárez (1976-1981) no se registró la adopción de medidas concretas de promoción de la democracia, cabe hacer mención de los permanentes reclamos en relación con los derechos de las personas, efectuados ante las juntas militares. Incluso, durante la visita de los reyes españoles a la Argentina, en noviembre de 1978, el rey Juan Carlos I expresó:

"... estamos convencidos que el orden político y la paz social no pueden tener otros fundamentos que la dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes y el respeto por la ley. Porque el orden puede y debe ser construido y defendido con procedimientos basados en los fines humanos del poder."[6]

El discurso real fue interpretado por los distintos medios de prensa españoles como una preocupación por responder a los reclamos de los familiares de desaparecidos españoles en la Argentina, mientras que la mayoría de los medios argentinos, en sintonía con la óptica del gobierno de Videla, no ocultaron su disgusto ante la apreciación "errónea y prejuiciosa" de la realidad argentina por parte de los españoles.[7]

Otro ejemplo de esta política española de preocupación por la situación de los derechos humanos en la Argentina fue la audiencia que los reyes concedieron al ex senador radical Hipólito Solari Yrigoyen en 1980, quien había estado primero desaparecido y luego detenido en las cárceles de la dictadura. Asimismo, durante la gestión de Suárez se crearon mesas de partidos democráticos que, junto con el Parlamento europeo, fueron utilizadas como instancias de contacto con los exiliados, tanto argentinos como de otros países de la región.[8]

No se sentían solos los exiliados argentinos en España, como queda visto, la sociedad y sus instituciones los acompañaban. En lo individual les ofrecían trabajo, los consideraban idóneos para tareas importantes y, progresivamente, los incorporaban a sus vidas como amigos o compañeros.Y así comenzaba el largo proceso de adaptación a la nueva vida. Pero aunque estos exiliados intentaban integrarse, nunca perdían la esperanza del retorno, ni la añoranza, lo que, sin duda, les impedía una integración total y completa.

"... mientras había dictadura nadie se podía plantear volver, después seguíamos teniendo miedo; volví la primera vez en el '84, en esa época evaluábamos constantemente la posibilidad del retorno definitivo...". Alicia.


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