Fidel Castro Ruz

Segúnda Epístola (V).

Por Fidel Castro Ruz, presidente de Cuba.

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado de Cuba)


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Un año y seis meses después de Girón, en octubre de 1962, la amenaza real de un ataque nuclear no hizo pestañear a un solo combatiente cubano. Ninguna inspección se autorizó en nuestro territorio, pese a lo acordado por las dos superpotencias.

Decenas de años de guerra sucia, sabotajes y terrorismo, en el que tanto se destacaron muchos de sus actuales amigos de Miami, no pudieron doblegar a Cuba.

El derrumbe del campo socialista europeo y de la propia URSS, que nos privó de mercado, combustible, alimentos y materias primas, frente a un bloqueo reforzado con las Leyes Torricelli, Helms-Burton y otras medidas, no quebrantaron al pueblo cubano, y ocurrió lo que parecía imposible: ¡resistimos! Algo que está ya en la sangre y las tradiciones de los patriotas cubanos que, en la última guerra contra el colonialismo español, se enfrentaron, desgastaron y virtualmente derrotaron a 300 mil soldados de España, es ese espíritu de luchar contra lo imposible y vencer.

No es mi propósito, Señor Presidente de Estados Unidos, mortificarlo ni amargarle la vida con estos recuerdos. Cumplo simplemente el deseo de ilustrarlo sobre lo que es Cuba, lo que significa un proceso revolucionario verdadero y profundo, y cómo es el pueblo que usted pretende mirar con desprecio.

Hoy Cuba cuenta con la población de más cultura y conciencia política entre todos los países del mundo. No es un pueblo de fanáticos; es un pueblo de ideas. No es un pueblo de analfabetos o semianalfabetos; es un pueblo donde los estudios de nivel superior se masifican y universalizan, junto a su valentía y su patriotismo. A sus sueños de una sociedad verdaderamente justa y humana, se suma la experiencia y el conocimiento, algo que a usted con su fundamentalismo y sus hábitos mesiánicos de actuar le será muy difícil comprender.

Hoy no somos un puñado de hombres decididos a vencer o morir. Somos millones de hombres y mujeres que contamos con las armas suficientes, más de doscientos mil oficiales y jefes bien preparados, que conocen cómo deben emplearlas en condiciones de guerra moderna y sofisticada, y una enorme masa de combatientes que conocen igualmente bien los puntos fuertes y los puntos débiles de los que nos amenazan, a pesar de los enormes recursos bélicos y la superioridad tecnológica de sus armas.


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