Fidel Castro Ruz

Comparecencia en Mesa Redonda sobre acontecimientos cubanos (II).

Por Fidel Castro Ruz, presidente de Cuba.

25 de abril de 2003 - (Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado de Cuba)


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El compromiso de Bush fue que resolvería el problema eliminándome físicamente, algo que en realidad, después de 40 años de agresiones y crímenes contra Cuba, ni me extrañó ni me preocupó gran cosa.

Su gobierno sería tan hostil y reaccionario como todo el mundo esperaba. La mafia adquirió más poder e influencia que nunca en el seno de esa Administración. Verdaderos bandidos de origen cubano, responsables de la muerte de miles de centroamericanos, como el conocido Otto Reich, estaban llamados a ocupar importantes cargos en posiciones claves para aplicar contra Cuba las políticas preconcebidas, las ideas y los compromisos de Bush. La suerte y el destino de más de 11 millones de cubanos nada significaban para él.

No me detendré en explicar lo que piensa el señor Bush o cuáles son sus obsesiones e ideas fijas. Nuestro pueblo y el mundo lo conocen de sobra.

Otto Reich sería el Secretario Asistente de Estado para el Hemisferio Occidental. El Senado, republicanos y demócratas, repudiaban al sujeto. Un receso de este órgano sirvió de oportunidad para nombrarlo provisionalmente. Desde ese cargo trazó las pautas de la política del Departamento de Estado contra Cuba. Llovieron declaraciones cínicas. Un día se hablaba de que Cuba preparaba una guerra electrónica contra las comunicaciones de Estados Unidos; otro, que un barco chino cargado de armas viajaba para Cuba. No existieron nunca tal barco ni tales armas. Entre mentiras disparatadas de este tipo, la acusación más pérfida: Cuba desarrollaba un programa de investigación para producir armas biológicas. Todas las acusaciones fueron desmentidas y ridiculizadas.

En ese mismo período, en septiembre del 2002, Otto Reich nombra jefe de la SINA (Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba) a James Cason, uno de sus incondicionales.

Vencido el período de provisionalidad de Otto Reich, su continuidad en el cargo debía pasar por la riesgosa prueba del Senado, donde sus posibilidades de aprobación eran muy pocas. Hace mutis por el foro. En su lugar ha sido nominado Roger Noriega, quien fuera asistente principal del Comité de Relaciones Exteriores que presidía el diabólico Helms.


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