Fidel Castro Ruz

Intervención ante el segmento de alto nivel del
59 período de sesiones de la comisión de derechos humanos (III)

Por Felipe Pérez Roque, Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba. Ginebra, 20 de marzo del 2003


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Las consecuencias de continuas agresiones al derecho internacional, insólitas declaraciones y doctrinas, y el constante empleo de la amenaza y el chantaje militar que hemos visto en el último año, están todavía por comprenderse en todo su alcance y trascendencia. Todo un planeta ha quedado convertido en rehén de las caprichosas decisiones de un poder ilimitado que desconoce cualquier compromiso internacional y decide sólo según sus propios intereses y su peculiar concepción de la seguridad nacional. Vamos hacia un nuevo orden mundial en el que la concertación se sustituye por la amenaza, la persuasión por el miedo. Ese es, Señora Presidenta, nuestro dilema y nuestro reto: enfrentar unidos un peligro que nos amenaza a todos.

Ahora bien, cabría preguntarse: ¿hay acaso razones para el optimismo? Cuba cree firmemente en que hay una poderosa razón para sentirse optimistas: en la historia de la humanidad siempre las grandes crisis han abierto el camino a las grandes soluciones. Ninguna tiranía, ningún imperio con pretensiones hegemónicas, ha podido imponerse todo el tiempo a las aspiraciones de justicia y libertad de los pueblos. Es cierto que en muchas ocasiones el temor a enfrentar al poderoso, el desánimo y la apatía, o la falta de unidad, han hecho mayor el precio de la victoria. Es por eso que hoy, cuando todavía no es demasiado tarde, repito con todo respeto las palabras que, a nombre de Cuba, expresé ante la Comisión el año pasado: "Cuba considera que, pese a las diferencias políticas entre nosotros, hay, sin embargo, un peligro común a todos: el intento de imponer una dictadura mundial al servicio de la poderosa superpotencia, que ha declarado sin ambages que se está con ella o contra ella."

No se revelaban en aquel momento, de manera tan descarnada, las peligrosas políticas y acciones del actual gobierno de los Estados Unidos, y mis palabras pudieron ser percibidas por algunos como retórica incendiaria. Sin embargo, y lamentablemente, los acontecimientos más recientes han venido a confirmarlas. Es por ello que reitero hoy con mayor fuerza y convicción nuestro llamamiento del año pasado:

"¿No creen los países occidentales, hasta ayer aliados de Estados Unidos en un mundo bipolar, pero hoy víctimas como nosotros de este orden peligroso e insostenible que nos intentan imponer, que ha llegado la hora de luchar juntos por nuestros derechos? ¿Por qué no intentar una nueva alianza por un futuro de paz, seguridad y justicia para todos? ¿Por qué no intentar una coalición que proclame otra vez en su bandera la aspiración de libertad, igualdad y fraternidad para todos los pueblos? [...] ¿Por qué no creer que un mundo mejor es posible?"


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