El Gea

Discurso en la clausura del V Encuentro sobre Globalización y Problemas del Desarrollo (VIII).

Por Fidel Castro Ruz, presidente de Cuba.

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado de Cuba)


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Marx no podía imaginar que el teléfono celular permitiría comunicarse de un extremo a otro del mundo a la velocidad de la luz, que millones de millones de dólares en acciones, monedas, operaciones de resguardo, productos básicos que no se moverían de su sitio, y otros títulos, pasarían de mano cada día, y que el valor de las ganancias especulativas superaría el valor de la plusvalía.

Marx creía por encima de todo en el desarrollo de las fuerzas productivas y las posibilidades infinitas de la ciencia y el talento humano. Concibió un mundo cabalmente desarrollado como condición sine qua non de la existencia de un sistema social capaz de producir los bienes necesarios para la plena satisfacción de las necesidades materiales y espirituales de la sociedad. No concebía la Revolución en un solo país, y vio tan lejos, que fue capaz de generar la idea de un mundo globalizado, tal como lo entendí siempre, hermanado en la paz y en el acceso al disfrute pleno de las riquezas que fuera capaz de crear. No podía pasar por su mente la idea de un mundo dividido entre pobres y ricos. "Proletarios de todos los países, uníos", proclamó, que en el mundo real de hoy podría interpretarse como un llamado a la unión de todos los trabajadores manuales e intelectuales, los campesinos y los pobres de todos los países, en busca de lo que se ha dado en llamar "un mundo mejor" (Aplausos).

Por primera vez en la historia humana, nuestra especie corre un riesgo real de extinción. La amenazan no solo la destrucción de su medio natural de vida, sino también graves riesgos políticos, armas cada vez más sofisticadas de destrucción y exterminio masivo y doctrinas extremistas que podrían apoyarse en mortales y aniquiladoras fuerzas.

La paz no vive sus mejores días de gloria y esperanzas. Una guerra está a punto de estallar. No se trataría de un enfrentamiento entre fuerzas equiparables. De un lado estaría la superpotencia hegemónica con toda su abrumadora fuerza militar y tecnológica, apoyada por un aliado principal, otro país nuclear y miembro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Del otro lado, un país cuyo pueblo ha sufrido más de 10 años de diarios bombardeos y la pérdida de cientos de miles de vidas, principalmente niños, por hambre y enfermedades, después de una desigual guerra provocada por la ilegal ocupación iraquí de Kuwait, que era un estado independiente y reconocido por la comunidad internacional. La inmensa mayoría de la opinión mundial rechaza con unánime oposición la nueva guerra. No acepta en primer lugar la decisión unilateral del gobierno de Estados Unidos, que ignora las normas internacionales y las facultades que corresponden a las Naciones Unidas, que ya de por sí son bastante pocas. Se trata de una guerra innecesaria, bajo pretextos nada creíbles ni probados.


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