El Gea

Discurso sobre la actual crisis mundial (II).

Por Fidel Castro Ruz, presidente de Cuba.

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado de Cuba)


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Volé por primera vez en uno de ellos hace 32 años para visitar al Presidente Salvador Allende en Chile, y desde entonces nunca he dejado de hacerlo. El equipo es fuerte como los tractores agrícolas soviéticos de su tiempo, construidos a prueba de tractoristas cubanos. Sus pilotos son campeones olímpicos. Los técnicos y mecánicos que lo reparan, los mejores del mundo. Por segunda vez acabamos de darle la vuelta al mundo en él. Eso espero, aunque todavía nos faltan algunas horas. Hablando con toda seriedad, aprecio estos magníficos equipos de la vieja URSS, les agradezco mucho y los recomiendo a compatriotas y turistas. Es lo más seguro que hay en el mundo. Yo soy una prueba.

No todo debe tomarse con excesiva seriedad en los asuntos de este mundo. Se correría riesgo de infarto o de locura.

Crónica obligada de un viaje

Nuestra delegación salió el 19 de febrero, minutos antes de medianoche. Breve escala en París, no había otro lugar. Se suponía descansar unas horas en un hotel de la ciudad. Inútil intento. No había sueño. Desde un elevado piso me dediqué a observar parte de la bella y famosa ciudad. Miraba los techos de edificios de tres a seis plantas que parecían obras de arte. Quise saber de qué estaban hechos hacía 150 años.

Recordaba La Habana y sus problemas. Eran de color ceniza plateada. Nadie supo responderme.
A pocos kilómetros, una enorme mole que rompía la armonía. Más a la derecha altos edificios de oficinas o residencias que afeaban también el panorama. Recordé el helipuerto que hicieron en la Habana Vieja, detrás del que fuera Palacio del Gobierno colonial, meses antes de la Revolución. Por primera vez la Torre Eiffel y el Arco de Triunfo, tan admirados por todos, me parecieron dos objetos humillados y empequeñecidos. Me había convertido de repente en un frustrado urbanista. En París no molesté ni hablé con nadie. Me marché guardando el recuerdo de todo cuanto leí, y soñé en mis años juveniles sobre su gloriosa revolución y la heroica y grandiosa historia de Francia. Admiré la valiente actitud que asume hoy frente al humillante hegemonismo unilateral del gobierno de Estados Unidos.


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