El Gea

Discurso sobre la salud pública (IV).

Por Fidel Castro Ruz, presidente de Cuba.

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado de Cuba)


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¡Ah!, dos veces hemos pasado plagas fuertes de la nueva combinación: una, la famosa de 1981 que costó tantas vidas y que fue erradicada, porque si bien la erradicación del mosquito es casi imposible, la presencia del virus sí es posible; y en 1981, cuando solo contábamos con 16 000 médicos, fue erradicado el virus mediante una lucha tremenda contra aquella epidemia que afectó a 350 000 personas, y no voy a hablar ahora de los muy probables, de los casi seguros, por no decir totalmente seguros, hechos que originaron aquella plaga, aprovechando el descuido nuestro, por haber permitido un elevado número de vectores. 

Fue derrotada, y después se cometieron errores, hubo olvido de cómo se había incrementado el tránsito de unos países a otros, hubo olvido de que la enfermedad es ya endémica en todos los países latinoamericanos y del área, no así en Cuba; se perdió tiempo, se bobeó, y fue necesario dar la última batalla, este mismo año, a la vez que apreciábamos que era más peligrosa que lo que se suponía cuando empezaron a aparecer las combinaciones de los cuatro tipos de virus conocidos. Lo sabemos no solo por lo que ocurrió aquí, que nos obligó a 70 días de lucha sin descanso hasta erradicar el virus, no solo por eso, sino también porque hemos visto epidemias desatadas en Brasil y en diversos países de Centroamérica y Suramérica, en algunos de los cuales Cuba ha aportado su modesta cooperación en la lucha contra tal enfermedad. Y, aunque se supone erradicada la fiebre amarilla, se conoce que andan flotando todavía tales virus en nuestro propio hemisferio, y si la lucha contra el vector no tiene todo el éxito necesario, estaremos corriendo el riesgo de que pueda aparecer en cualquier momento también esa enfermedad. Cuando estas preocupaciones invaden nuestras mentes, la fiebre del Nilo avanzó ya desde el noreste de Estados Unidos hacia nuestra área, trasmitida por las aves y varios tipos de mosquitos. 

Son estas las razones por las que expongo que el desafío que las enfermedades hacen a la humanidad es un desafío serio, grave y creciente, y será creciente en la medida en que el descuido y la inconciencia sobre los problemas de salud pública sean mayores, de lo cual no puede culparse por entero, ni mucho menos, a los países más pobres de la Tierra, ya que aquellos que nos saquearon durante siglos han sido incapaces de dar el mínimo aporte para esa lucha, en vez de gastar el dinero en cantidades fabulosas, en guerras, especulaciones, lujos y otras cuestiones de las que no resultan esenciales en la vida.

Nosotros tenemos plena confianza en la capacidad de los seres humanos para vencer obstáculos, por grandes que sean, y sentimos vergüenza cuando vemos los índices de salud en el mundo, como sentimos vergüenza cuando vemos los índices de analfabetismo, los índices de desnutrición, los índices de hambre, los índices de desempleo, los índices de trabajo infantil, los índices de abusos y corrupciones sexuales con los niños que aparecen hoy en cualquier revista de las organizaciones internacionales que se ocupan de esos problemas.


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