Fidel Castro Ruz

Discurso sobre la salud pública (III).

Por Fidel Castro Ruz, presidente de Cuba.

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado de Cuba)


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Somos un país pequeño, pero este país pequeño ha podido demostrar cuánto se puede cuando se quiere, cuánto se puede si los recursos humanos de cualquier país pueden ser bien utilizados. Y hoy resulta una vergüenza que, a pesar de ser Cuba un país pequeño, hoy este pequeño país sea indispensable si se quieren librar verdaderas batallas contra enfermedades que amenazan con la desaparición de naciones enteras o, incluso, regiones enteras de determinados continentes. Y no habría que romperse mucho la cabeza, bastaría examinar el número de infectados de SIDA, enfermedad surgida hace apenas 20 años; enfermedad, además, mortal, destructora, que afecta a las personas en las edades más importantes para su capacidad de producir o de prestar servicios, lo cual se puede concretar en un simple dato, y es que el número de maestros que mueren por año, en un importante país de Africa, es superior al número de maestros que se gradúan, y esto puede esclarecer la idea de que tal enfermedad mata a las personas cuando pueden ser más útiles a sus pueblos y a la humanidad, y, repito, tanto en la producción como en los servicios.

No emplearé más tiempo que el de mencionar lo que significa para cualquier país, donde los índices de infectación superan el 10, el 20 ó el 30 por ciento de las personas entre 15 y 50 años de edad, y donde los médicos escasean y escasean los hospitales. ¿Qué va a pasar o qué está pasando ya, cuando los hospitales no dan abasto y a los gobiernos y a las autoridades sanitarias no les queda otra alternativa que establecer corrales donde vayan a morir como animales los seres humanos? Si todos los hospitales se saturan de los enfermos por la epidemia, una enfermedad que es causante de otras numerosas manifestaciones, ¿qué hacer con ellos, ubicarlos en los escasos y saturados hospitales donde otros pueden salvar la vida, o enviarlos a un rincón a que mueran? Realmente no recuerdo haber conocido en algún otro momento de la historia situaciones parecidas.

Existían terribles plagas, algunas de las cuales han desaparecido, pero que afectaban una región, un país, y esta, en cambio, afecta a todos los países del mundo. Veinte años perdidos sin que la ciencia famosa y sus conocidísimos avances hayan podido frenar el virus mediante una vacuna que sea eficiente, como eficiente fue la de la poliomielitis y otras. Es que los recursos invertidos en tales investigaciones constituyen una parte insignificante de lo que se ha invertido en la búsqueda de medicamentos contra esa plaga y las nuevas que aparecen.

El propio dengue no era de este hemisferio y llegó un día. Se sabía muy poco sobre él, se hablaba de un virus. Parecía un simple catarro en los primeros tiempos o algo pesado como una gripe, y después apareció el virus dos que, combinado con el uno, producía el dengue hemorrágico, y está el tres y el cuatro, y no se sabe cuántas combinaciones podrían suponerse.


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