El Gea

Discurso de Carlos Lage Davila en el 45 aniversario de la UJC (II)

Por Carlos Lage Davila

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado de Cuba)


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Aún conscientes de nuestras justificadas insatisfacciones, nuestro pueblo disfruta hoy de derechos que para miles de millones en el planeta no son siquiera imaginables: tiene acceso gratuito a la salud y a la educación de un extremo a otro de la Isla, nadie sobra en nuestro país, un puesto de estudio o de trabajo, una forma de ser útil no le está impedida a un solo cubano, nadie tiene que dormir en las calles ni está abandonado a su suerte. Vivimos en una sociedad de justicia, solidaria, digna, que será cada vez mejor porque nuestros recursos no son propiedad de las transnacionales, nuestras leyes no las impone el mercado, nuestra política no la dicta una potencia extranjera.

Hoy mientras avanzamos vemos retroceder al neoliberalismo, desaparecer el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas, desacreditarse a los gobiernos de Europa, adictos a la hipocresía de la democracia y los derechos humanos, vemos al imperio en franca decadencia, ética, moral y sistémica.

Más convencidos que nunca de nuestro camino socialista y de la justicia de nuestras ideas tenemos que estar conscientes de las contradicciones que ha heredado nuestra sociedad del Período Especial y de que nuestro trabajo con los jóvenes requiere en profundidad y en extensión un alcance mucho mayor. Sería un error estar conforme con lo que hacemos, imaginar que siempre llegamos al corazón y a la mente de los jóvenes, que es adecuado nuestro trabajo ideológico, que lo comprendemos bien, no como la simple reiteración de ideas, sino como el arte de despertar los sentimientos y forjar la conciencia.

Resulta imprescindible apropiarse de una sólida cultura para ser capaz de vislumbrar las esencias y confiar en la capacidad de construir una sociedad cada vez más justa en un mundo injusto y amenazado de existir, no solo por peligros de guerra.

La cultura nos brinda la lucidez "para cambiar todo cuanto deba ser cambiado", para conquistar cuanto nos propongamos. Nada hay tan propio de la juventud como el cambio, como las altas metas, y por eso es un privilegio ser joven en tiempos de Revolución.

Conquistar lo mejor para nuestras vidas, para nuestras familias, para nuestros semejantes y para las nuevas generaciones, solo puede hacerse de la mano de la cultura. Sin cultura no hay libertad posible nos ha dicho Fidel.

Y en fecha tan significativa como la de hoy debemos continuar meditando en el discurso de nuestro Comandante en Jefe en el Aula Magna de la Universidad de La Habana y preguntarnos: ¿Estamos satisfechos con los niveles de información, con el desarrollo de los intereses y con la interiorización de valores, que se logra sembrar en las nuevas generaciones?.

¿La militancia de la UJC se corresponde con la vanguardia de nuestra juventud con su condición de relevo del Partido, garante indiscutible de la Revolución ?.

Una respuesta negativa o en parte negativa a esas preguntas no negaría los avances ni la existencia de una organización juvenil fuerte y prestigiosa como es la UJC, ni las incuestionables virtudes de una juventud sana y revolucionaria como la nuestra. Se trata de tener conciencia de la alta responsabilidad que asumen los jóvenes de un país que ha sabido defender las banderas del socialismo en las más difíciles circunstancias, un país que ha sido guía y esperanza para millones, cientos de millones de seres humanos en el mundo.

Nuestra juventud es disciplinada, organizada, responsable, participa activamente de la vida política y esas cualidades pueden ser fácilmente apreciadas, pero ello no es siempre reflejo en todos y cada uno de los jóvenes, de una sólida convicción revolucionaria y nuestro deber es llegar a conocer cuán profundamente revolucionario es cada joven y lograr que se proponga serlo cada vez más.

Es necesario garantizar la participación real y efectiva de los jóvenes en todas las esferas de la vida social; en cualquier campo en que actúe un joven debe hacerse sentir, brindar su contribución. Necesitamos de su espíritu crítico, de su natural rebeldía, de su apego a la justicia, de su intransigencia ante lo mal hecho.

La Revolución requiere del ejercicio de pensar, y de pensar con cabeza propia y esto debe fomentarse en las edades en que se forja el carácter, en que cristalizan las convicciones y se instalan los valores que han de guiar nuestra conducta toda la vida.

Una organización de vanguardia debe analizar, debatir, proponer.

Cuando el debate y los análisis de los temas y asuntos que más atañen e interesan a los jóvenes, tienen lugar al margen de las organizaciones de base de la UJC éstas devienen elementos formales alejados de la vida real.

Este no es un problema sólo de la UJC, pero nada más razonable que enfrentarlo primero con los jóvenes.


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