P. Edronkin

¿Con los militares se vivía mejor?



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Es terrible tener que reconocerlo, y sé que más de uno me va a odiar por lo que voy a explicar en este artículo pero la realidad de lo que pienso y la realidad de los hechos concretos dice claramente que bajo el gobierno militar de 1976 á 1983 se vivía mejor en la Argentina que bajo la égida de la democracia. Y no lo digo precisamente por amor al régimen militar.

O sea: así como están las cosas ahora, en 2005, añoro al gobierno militar de la Argentina, con su opresión y censura, porque esto que tenemos es peor en muchos otros aspectos. Hablar podemos, pero nadie escucha, así que ¿de qué le sirve hablar al ciudadano argentino? ¿le sirvió para que el estado no le incautara los depósitos y sus ahorros? ¿le sirve protestar al médico o docente al que no le pagan el sueldo o le pagan cuando quieren? La excusa de que no hay dinero es mentira, pues la Argentina oficialmente crece a un diez por ciento anual y ya no tiene que pagar una deuda externa: no hay otra excusa más que la incompetencia y la mala intención.

Y reitero esto para que no queden dudas: con los militares se vivía mejor que con los partidos políticos.

No digo esto por un amor particular hacia los militares, y también quiero recalcar esto y subrayarlo para que nadie diga que soy un fascista o golpista. Muy por el contrario, buena parte de mis ancestros de entre una y tres generaciones atrás fueron asesinados por dictaduras militares, "populares", de extrema derecha y extrema izquierda (Ver The Skowronek Bankers) así que mal podría avalar a una forma de imposición del pensamiento que acabó con la vida de mucha gente, incluyendo a mi propia familia.

No estoy de acuerdo con que se torture a la gente y se viole la ley, los derechos humanos y que las sociedades sean manejadas por un cuartel: tampoco tengo una posición política de izquierda, derecha o centro. Se puede administrar bien siendo zurdo, diestro o de centro, o se puede adminstrar mal.

Tampoco tengo nada en contra de las fuerzas armadas, ni es esto una loa castrense, sino una manifestación de lo que pienso: los políticos argentinos son peores para gobernar que los militares, más nocivos, negativos y peligrosos; son más ignorantes, menos íntegros, menos patriotas y menos organizados, y no seamos hipócritas pues sí, estuvo mal que las fuerzas armadas hicieran desaparecer gente, pero también está muy mal que los Montonero, el ERP y otras organizaciones terroristas empezaran con la campaña de terror que llevó a que los militares tomaran el poder y mucha gente aplaudiera, porque - y lo recuerdo pues estaba en los primeros años de la escuela - había bombas y asesinatos por doquier. Y mucho peor es que los líderes que se suponen que deben defender el país y a su población se hagan los distraidos acerca de lo que hicieron esos criminales.

No quiero escuchar más esa estupidez de que el terrorismo de estado es peor que el de una pandilla terrorista. Todo terrorismo es igualmente malo ¿y saben por qué? Porque la tortura se siente igual de mal venga de donde venga, porque la bala fascista es igual que la bala comunista, y porque la arbitrariedad no conoce ideologías; al mirar el pasado con un solo ojo, estos lideres políticos están - hen los hechos - avalando la violencia terrorista de uno de los bandos.

Pero para que esto no parezca una 'apología del delito', gran pecado con el que se castiga al que osa sugerir que nuestros bienamados líderes actuales son unos retardados mentales, veamos qué hemos logrado en todos estos años:

Los militares no eran amables, es cierto, pero en el país y durante su gobierno había menos pobres, había menos crimen, había una clase media, no se despreciaba al profesional como hoy en día, no se ponía a una maestrita de escuela sin título universitario (la Sra. Graciela Ocaña) a cargo de las jubilaciones de la gente y la atención médica de los jubilados, los salarios se pagaban a tiempo y no con meses de retraso, lo sministros de salud y bienesta rno eran parientes del presidente, los ministros del interior no eran los hermanos de las esposas de los presidentes, los ministros de defensa no eran pediatras, y los embajadores eran gente que al menos, si no eran diplomáticos sino 'acomodados' del régimen, tenían por lo menos un grado militar y habían salido de un instituto de formación terciaria; a los empbajadores políticos de hoy en día, si abren la mano, les podemos ver las marcas de las herraduras que llevaban.

El país tenía una industria propia, no había desempleo, no había crimen más allá del propio gobierno - que de cualquier manera, ahora existe también - no teníamos a los zaparrastrosos 'piqueteros' coartando la libertad de movimiento de la gente - derecho constitucional que los gobiernos democráticos respetan menos que la última dictadura, verbigracia - y los directores de los hospitales eran médicos de verdad, y no simples enfermeros con las conexiones adecuadas en el partido político de 'las alpargatas sí y los libros no', en el cual por lo visto, desde su fundación se creee que tener un diploma o no tenerlo, es lo mismo.

Teníamos de tanto en tanto gente que ganaba un premio Nóbel - incluso por oponerse a los milicos, como el Dr. Pérez Esquivel, pero ahora, ni éso -, se hacía investigación en las universidades nacionales, se construían aviones, autos, tanques, barcos y hasta edificios de tipo monoblock para los más pobres, cosa que no veo desde - por lo menos - 1985.

Y ahora, encima, nos vienen a jorobar con palabras como 'competitividad', y 'crecimiento', pero eso es mundial: hasta de Alemania se dice que tiene que ser más competitiva... ¿¿Alemania más competitiva?? Aquellos muchachos pelearon una guerra mundial solos, durante seis años mientras que Estados Unidos no puede con Irak, reconstruyeron su país en diez años, llegaron ser una potencia mundial y vivieron como duques por décadas, ¿y nos pretenden decir que necesitan ser más competitivos?

Francamente soy pesimista: así que la estupidez internacional, recientemente descubierta en forma de globalización financiera, se está conjugando con la criolla, ya probada por el tiempo y con lo exquisito de lo añejo, para dejarnos un panorama de lo más negro, y de mierda:

Hoy en día podemos escuchar cómo nuestros concejales, diputados y senadores desafían al idioma no pronunciando bien las palabras (no pronunciar las 'eses' al final de muchas palabras es algo común), y si son mujeres, cómo repentinamente empiezan a aparecer maquilladas, con cirugía estética en sus rostros, con los pechos más infladitos, la colita para arriba y repentinamente... diez años menos en su reloj biológico, incluyendo a la primera dama de la Argentina: fíjese el lector en fotografías de la citada señora de Kirchner, pues desde que su marido asumió su cargo, los años pasan pero ella se hace cada vez más joven, como en el planeta Ork, de donde venía Mork.

Auténticos nuevos ricos que todavía no se pueden terminar de cortar las uñas que los delatan como australopitecos. Y esos son los que gobiernan, y si esto a alguien le parece racista yo les digo: no es racista porque los 'australopitecus afarensis' ya están extintos y les agradezco su trabajo evolutivo de hace millones de años, pero es sorprendente que haya gente que insista en imitarlos. Muchachos, 'compañeros' y 'conciudadanos': agarren los libros y lean antes de gobernar, porque no muerden ni hacen arder los ojos. No miren hacia el pasado de la historia de los antropoides, hay cosas más nuevas ¿saben? No se comporten como monos porque son humanos, y porque no hay nada peor que un mono con navaja... Por Dios ¿qué problema tienen en contra de la capacitación profesional?

Durante todos los años que duró la dictadura militar, nunca escuchamos que robaran en la casa de nadie. Ahora eso es moneda común. Tampoco se pintaban grafittis y se ensuciaban las paredes: donde vivo yo, un dentista vecino pinta sus paredes todos los meses para borrar el grafitti. Nosotros ya nos cansamos de hacerlo, y mi casa es un monumento histórico que de tanto en tanto es pintarrajeado por gente a la que si yo la encontrase in fraganti haciendo eso, por poco le tendría que pedir perdón. En la época de los militares, eso no pasaba: sí, les daban una paliza y les hacían limpiar, pero funcionaba ¿o no? por lo que cabe preguntarse si aquello estaba mal de alguna manera, si esto es mejor.

Es cierto, los militares hicieron desaparecer a mucha gente: entre cuatro y treinta mil según quien haga las cuentas, pero en la provincia de Buenos Aires había solamente un asesinato criminal por semana, sin contar la faena castrense - una provincia tan grande como Francia -; hoy en día, solamente en el municipio donde vivo, hay más de siete por semana, y ya llevamos muchos años con esto.

Entonces ¿qué es peor? Varios miles de desaparecidos una vez en la historia, o varios miles de asesinatos todos los años. Está muy claro que el efecto de la incapacidad para gobernar de estos 'demócratas' es en la práctica mucho peor que el de una dictadura, y con los resultados no se discute.

Reitero: no estoy aplaudiendo a lo que hicieron entonces los militares, sino advirtiendo que los políticos argentinos son peores y sí, siendo honesto, añorando la época de los militares porque yo de niño podía salir a andar en bicicleta cuando estaba oscuro, y ayer le robaron la bicicleta y pegaron al hijo de uno de mis amigos, enfrente de su casa y al mediodía.

La cantidad de veces y los montos por los cuales los gobernantes 'democráticos' argentinos han estafado a su población - pregúntenle a los médicos del PAMI, el servicio de seguridad social, cuántos meses de salario les deben, o a los maestros, a los policías, etc. - han sido mucho mayores que todo lo que se le pueda endilgar a los militares. Saquemos la cuenta de la cantidad y magnitud de barbaridades que han hecho nuestros gobernantes electos, y después empecemos a comparar.

No estamos disfrutando de la democracia; no estamos progresando con ella. Simplemente la estamos soportando y sobreviviendo, y una democracia - hermosa en teoría - de esta manera no sirve para nada. En la historia de los pueblos, cuando estas cosas suceden y no se cambia el curso, luego pasan cosas aún más terribles, como las revoluciones que hubo en Francia, en Rusia y en China, y francamente, si esto sigue así, vamos a empezar a desear que algo así pase también en la Argentina.





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