La científica que acampa en la Antártida (I)


Marambio.aq

Primera expedición terrestre científica en motos de nieve al Polo Sur (I)

Evacuación sanitaria marítima en la Antártida

Base Antártica Marambio, origen de su denominación

Hallan el primer avión accidentado en la Antártida

El Instituto Antártico Argentino

Vehículo experimental ecológico para la Antártida

Expedición terrestre invernal entre las bases Esperanza y San Martín (I)

Pruebas de Trajes de Supervivencia en la Base Marambio (I)

XXXIV Reunión Consultiva del Tratado Antártico

Productos y servicios relacionados

Energía verde

Las palabras se veían en la carpa. ´Hablábamos y la respiración se condensaba de un modo que parecía niebla´, recuerda la Doctora en geología Andrea Concheyro. "Me muero de frío, me dijo mi compañera esa noche. Y le contesté: ´No puede ser si la bolsa de dormir soporta 30º C bajo cero. En eso, miramos el termómetro y marcaba 36,5º bajo cero´, agrega.

¿Qué hicieron? "Aguantar. Juntar un poco las colchonetas para darnos calor. Es horrible dormir con frío", describe a modo de anécdota sobre una de sus dieciséis campañas científicas realizadas en carpa al continente más gélido del planeta.

Ya lleva casi tres años, 32 meses para ser precisos, de vivir rodeada de hielos, de la cual la separan un toldo de lona sintética de no más de dos metros de altura por otro tanto de superficie. Ese es su hogar cada verano.

Ella junto con su equipo de trabajo, un puñado de investigadores, son llevados desde la Base Marambio en avión o helicóptero según el recóndito sitio de territorio congelado a explorar. Allí son dejados, y serán buscados dos meses más tarde, luego que recolectaron material con el fin de reconstruir el ambiente marino de esas latitudes hace más de 60 millones de años.

Siempre fue en carpa a la Antártida, aún su primera expedición en 1989 cuando tenía 25 años y era llevada a prueba. El equipo acampó a cuatro horas de marcha de la Base Marambio. "No soy mujer de base, sino de campamento. Es la libertad absoluta", señala vehemente y no ocultará su pasión por su quehacer a lo largo de casi tres horas de entrevista.

Sentada en su laboratorio de la Ciudad Universitaria, rodeada de papeles, muestras geológicas en espera de análisis, ella acude a su computadora una y otra vez para mostrar fotos o gráficos que ayuden a comprender mejor su relato. De alma docente, risa entusiasta, ella que no tiene hijos sólo exhibe su coquetería para lucir con orgullo -casi de madre-, la camisa que le regalaron sus alumnos.

Sin maquillaje, su cara no expresa rastros de tempestades polares, pero dos dedos de su mano perdieron sensibilidad por congelamiento como consecuencia de permanecer minutos sin guante a la intemperie en el frío austral. De imparable verborragia, Concheyro parece acostumbrada a hacer varias cosas en simultáneo sin perder el humor y con la energía propia de los pioneros.

En verdad, en sus primeros viajes, eran muy pocas las mujeres que se animaban a llegar al destino más austral del mundo, y menos aún en una tienda de campaña. "En mi paso por el Instituto Antártico Argentino, nunca he sido discriminada por ser mujer. Siempre -precisa- he sido respetadísima por mis compañeros. Es difícil porque es un ambiente francamente de hombres. Esto significó que de jovencita he tenido que hacer no digo proezas, pero casi. Mostrarme imbatible. Una no se podía quebrar ni física ni psicológicamente, aunque luego fueras a la carpa y estuvieras muerta hasta el día siguiente. Por otro lado, debías mostrar que mantenías una línea de conducta, y sostenerla a lo largo de los años. Esto es lo que te da todo el crédito para que la gente te respete, te considere".

El primer día de una nueva vida

La Antártida, del griego "antarktikos", "opuesto a ártico", es en verdad la antípoda de todo lo que los humanos estamos acostumbrados. Un continente en que los reclamos territoriales han quedado congelados, están prohibidos los ensayos nucleares, así como las bases con fines militares y los desechos radioactivos.

Hombres que provienen de países con viejos rencores allí trabajan mancomunadamente. En verdad, no parece de este planeta un territorio donde sólo se busca mantener la paz, desarrollar la ciencia y proteger el medio ambiente. Podría llamarse Utopía y haría honor a su nombre.

Al parecer, pisar su suelo nevado es un pasaporte a sensaciones inesperadas. "Llegas ahí y sos otra persona, para bien o para mal. Es fabuloso. No se puede poner en palabras. Es algo que se siente. De alguna manera es la existencia de Dios, para el que cree", relata mientras acompaña la idea con sus brazos, con todo el cuerpo y sin dejar quietos un segundo sus ojos castaños que se escapan por arriba de los lentes en busca de complicidad.

No es raro que las primeras horas de arribo lleven al visitante a temblar, ya sea de frío, de emoción o de conmoción ante un paisaje extraño y fascinante. "Nadie va y vuelve de la Antártida, igual a como fue", asegura desde el Departamento de Ciencias Geológicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, a donde siempre llega a bordo de su inconfundible Land Rover, celeste y blanco, modelo 80. Si bien este viaje diario por la ciudad puede resultar una aventura en su baqueteado 4 x 4, siempre estará muy lejos de igualar el periplo de arribar a la estepa blanca.

"El primer día que se llega a la Antártida -indica- uno se muere de frío. Se sale de Buenos Aires con 40 grados de calor con destino a Río Gallegos, en Santa Cruz. Allí se aborda un avión Hércules y a las tres horas y media ya estás en Base Marambio, a 10º bajo cero. Es decir, en menos de un día se atraviesa una amplitud térmica de 50 grados".

Como jefa de grupo, "Andreita" como la llaman los que la conocen desde hace veinte años en esas latitudes, toma bajo su responsabilidad todo el aprovisionamiento para los dos meses de campamento, carpas, combustible, mochilas, bolsas de dormir, alimentos, herramientas, equipos de radio, generador de electricidad conforman parte del equipamiento provisto por el Instituto Antártico Argentino dependiente de la Dirección Nacional del Antártico.

Tras esta escalada obligada donde le aguardan todos los elementos de logística, además de amigos o viejos conocidos, le queda su destino final. En la temporada 2009 fue la Isla Ross, para arribar a este territorio es necesario hacerlo vía aérea. "Se debe atravesar -señala- el Mar de Weddell en dos helicópteros, porque está prohibido por seguridad hacerlo en un solo aparato, dado que si se cae nadie sobrevive más de tres minutos en esas gélidas aguas. Si esto ocurriese, el otro helicóptero va de inmediato al rescate".

Ya en tierra firme, comienza todo el despliegue del equipamiento. A desembarcar todo lo cargado a pulmón y armarlo. La carpa dormitorio, la carpa laboratorio, la carpa cocina, la carpa baño y la bandera nacional, que "llevo -dice- en el bolso de mano para instalarla ni bien llegamos". Un complejo habitacional en el medio de la nada o el todo, que deberá sortear temporales sordos, sin truenos ni relámpagos, vientos de más de cien kilómetros por hora, que arrastran nieve endurecida y enfurecida dada la velocidad, conocida en la jerga austral como ventisca o blizzard.

Los helicópteros se van y recién volverán en un mes para reequipar de provisiones al equipo de tres a seis investigadores que se quedarán solos por dos meses. "Desde la partida de Buenos Aires hasta que pusiste la carpa en el medio de la nada, se llevan dos días sin dormir como mínimo. Por ahí son las tres de la madrugada pero es de día. Sólo hay un crepúsculo entre la medianoche y las 2 de la madrugada. En ese momento, lo único que queres es descansar, pero antes debes atar todo porque en cuestión de horas cambia el clima, y la ventisca o viento blanco arrasa con todo. En estas circunstancias me pregunto: ¿Quién me manda a venir acá? Luego se te pasa", confiesa.

Licuado de hielos

El lugar elegido para armar las carpas en la isla Ross, que varió dado el cambio climático. "Íbamos a poner el campamento en el mismo sitio donde se había hecho diez años atrás, pero el derretimiento de los hielos no lo permitió. Hubo que correrlo muchísimo e instalarlo a 300 metros de altura porque no había espacio para hacerlo sobre la costa. Hay glaciares que en diez años se retrajeron un kilómetro. Es impresionante. De la primera vez que fui hasta ahora, el cambio climático fue tal que ando en camisa porque llegamos a tener 14º positivo, compara.

El efecto del aumento de la temperatura sobre la tierra derrite los hielos y perturba, generando situaciones impensadas, que no ocurría hace apenas unos años atrás. Por ejemplo, como siempre el equipo guarda bajo el hielo a la intemperie la caja con 20 kilos de carne de alimento y le coloca una bandera para ubicar la posición cuando la necesite consumir. "Hemos tenido que cambiar el sitio porque los hielos se disuelven y queda al descubierto, sin refrigeración", puntualiza.

La casi totalidad del continente blanco está cubierta de hielo, si éste desapareciera en su totalidad, los océanos se incrementarían en varios metros su nivel actual. Hoy, la Antártida actúa como un refrigerador de la Tierra y regula tanto las corrientes oceánicas como el clima mundial, según señala. Además conserva gran parte de agua dulce del globo. Ella la bebe todos los veranos, y no es una tarea sencilla. "Hacer agua" es parte de las actividades diarias. "Picás el hielo y cargás 20 ó 30 kilos en tu mochila. Luego la subís a cuestas hasta el campamento y la ponés en la "morocha", una cacerola al fuego, que lo derrite. En realidad es agua destilada, como no tienes sales debés reemplazarlos con alimentos dulces o salados. Cuando volvés a tu casa en Buenos Aires seguís medio paranoico con el cuidado del agua y sólo usás la cantidad exacta. No derrochás porque te queda la idea del trabajo que cuesta conseguirla", resalta esta mujer de pelo muy corto, no muy alta y esencialmente práctica.

Una tarea similar se requiere para darse un baño. Es necesario calentar unos 15 litros. "Tengo un duchador donde se carga el agua tibia. En el suelo se hace un pequeño cauce para el desagote", relata. Se suele elegir días de poco viento para que el calor de los calentadores se llegue a percibir en la carpa. Luego a lavar la ropa en una palangana y a tenderla dentro de la tienda-laboratorio porque en el exterior quedaría congelada.



Búsqueda rápida.

Videos

Páginas web relacionadas

Foro de Andinia

Normas para la reproducción de este artículo

Otros

Artículos Tienda Directorio Foros

Exploración, naturaleza, deportes y aventura al aire libre en © Andinia.com