Primera expedición terrestre científica en motos de nieve al Polo Sur (I)


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El 5 de enero del 2000 llegó al Polo Sur Geográfico, la Primera Expedición Terrestre Científico - Técnica, utilizando motos de nieve, que arrastraban trineos de carga; castigados gran parte del trayecto por el viento del sur los golpeaba de frente, pero después de 39 días de travesía y de haber recorrido más de 2500 km., cumplieron con su objetivo.

El día 5 de Febrero de 1999, partía desde la ciudad de Ushuaia el rompehielos Almirante Irízar rumbo a la base Belgrano II; a bordo iban los integrantes de la Expedición Científico-Técnica al Polo Sur - Año 2000. Los hombres estaban contentos, pero interiormente había un dejo de tristeza y preocupación. Se separarían de la familia por más de trece meses. Aún cuando algunos habían decidido no volver a participar de una CAI (Campaña Antártica de Invierno), lo que les había propuesto, nada más y nada menos que llegar al Polo Sur, era demasiado tentador y no pudieron rechazarlo, aún sin saber cuán sería el resultado final de lo que acometerían.

El 13 de Febrero arribaron a la base en helicóptero, el buque había quedado unas 17 millas antes, sin poder avanzar más. La descarga se realizó sobre la barrera de hielos Filchner a 150 kilómetros de la base Belgrano II. Tres meses de interrumpidos viajes demandó el traslado de todo el material y combustible. Esto complico los preparativos previos a la Expedición, no obstante, sirvió para el entrenamiento del personal y la puesta a prueba de todos los medios que se utilizarían.

Transcurrieron los meses y con ellos la noche polar se fue. Así en mes de Octubre se procedió a adelantar combustible con vehículos pesados Sno Cat hasta una distancia de 400 km, en inmediaciones de la Base Sobral actualmente desactivada.

Esta tarea se realizó superando innumerables problemas y sorteando grandes campos de grietas, las que en un principio presagiaban el fracaso. Se aprovechó durante esta primera etapa, para que el técnico-científico Daniel AGÜERO realizara mediciones de la capa de ozono, avistaje y censo de aves y pruebas con radiosonda. En principio, él era uno de los ocho expedicionarios.

Posteriormente, por motivos que desconozco, el Sr. Director Nacional Antártico no autorizó su participación en la Expedición privando a la ciencia de su conocida experiencia.

Los expedicionarios eran:

Teniente Coronel Víctor Hugo FIGUEROA Jefe y Técnico Topógrafo
Capitán Nicolás BERNARDI Médico y Encargado de trabajos científicos
Suboficial Principal Julio DOBARGANES Técnico Mecánico
Sargento Ayudante Rosamel CELAYES Técnico Topógrafo
Sargento Ayudante Luís CATALDO Técnico Polar
Sargento Primero Juan BRUSASCA Técnico Operador de Radio
Sargento Primero Daniel PAZ Técnico Mecánico

Con todo listo, llegó el día tan ansiado. Muchos eran los sueños.

El 28 de Noviembre fuimos despedidos telefónicamente por el Comandante Antártico Coronel Felipe PERANDONES y por el Jefe del Estado Mayor General del Ejército, Teniente General Martín BALZA.

Después de los abrazos de despedida, con los dedos en alto de los que quedaban para desearnos la suerte que sin duda íbamos a necesitar, partimos hacia nuestro objetivo: la conquista el Polo Sur Geográfico. Allí empezaba el verdadero desafío.

Cada una de las sietes motos arrastraba tres trineos, los que deberíamos cuidar especialmente. Sabíamos que, durante la travesía, éste sería uno de los grandes problemas que deberíamos solucionar, por eso distribuimos equitativamente la carga. En total, llevábamos 200 kilos por persona, ello incluía la comida para 60 días, repuestos de motos y trineos, equipos de radio, botiquines de primeros auxilios, elementos de andinismo, aceite 2T, carpas, bolsas de dormir y combustible.

Los 300 km iniciales fueron realizados en tres jornadas, sin inconveniente. El terreno se presentaba sólido y de fácil tránsito, además de ser una zona reconocida.

El 1º de Diciembre llegamos al depósito tres, en el que habíamos almacenado todo el combustible. A partir de ahí, los depósitos serían cada 30’, es decir, aproximadamente cada 60 km reales.

Empezamos el traslado de combustible hacia los 81º04’ de latitud S y 41º30’ de longitud W, pero antes debíamos pasar por un campo de grietas de aproximadamente 10 km. Durante el pasaje, sufrimos la caída de algunos trineos, que pudimos rescatar a costa de grandes esfuerzos y llegando a feliz término sin tener que lamentar accidentes personales. En esta tarea perdimos un valioso tiempo, por lo que veíamos un tanto difícil arribar el 31 de Diciembre como estaba previsto, pero...el hombre propone y Dios dispone.

Durante gran parte del trayecto el viento del sur nos golpeaba de frente; esto, sumado a la velocidad de las motos, provocaba una sensación térmica que nos iba desgastando día a día.

El 15 de Diciembre subimos al continente, a una altura de 800 metros sobre el nivel del mar. Allí, el terreno se presentaba en algunos tramos casi intransitables, por lo que hubo que andar muy despacio entre 5 y 8 km/h, cuando en general, la velocidad promedio había sido de 18 km/h.

El GPS funcionó perfectamente; antes de llegar a los 82º de latitud S divisamos el pico Santa Fe. En nuestra carta, éste era uno de los accidentes geográficos que nos indicarían si seguíamos la ruta correcta o no.

Los viajes de regreso a buscar combustible eran la rutina que más desgastaba a la gente.

Por su parte, el topógrafo continuaba realizando los relevamientos topográficos y comparándolos con las cartas satelitales y los datos registrados por la expedición anterior. El médico, a su vez, comparaba las mediciones de la capa de ozono y otros datos de interés científico, observando además permanentemente el comportamiento humano en condiciones extremas de aislamiento y temperatura.

Al llegar el 17 de Diciembre a los 82º, el tiempo fue empeorando, el viento alcanzó los 150 km/h, un blanqueo total. Para entonces, ya estábamos dentro de nuestras carpas. Un blizzard nos había imposibilitado continuar.

Hasta entonces, las comunicaciones con la Base, el Comando Antártico y nuestros familiares habían sido fluidas, sin mayores problemas.

A medida que ascendíamos, la temperatura iba en aumento, -20ºC era la máxima hasta el momento.

Manteníamos comunicaciones periódicas con la Base Marambio, que nos pasaba el pronóstico del tiempo; para esa fecha nos había pronosticado un temporal de una semana y, efectivamente, así ocurrió. De manera que los siete días siguientes nos quedamos en nuestras carpas, saliendo periódicamente a controlar las motos y la carga , nuestra preocupación era que no se nos volara nada, perder algún equipo en esas latitudes sería un desastre. En poco tiempo la nieve arrastrada por el viento cubrió las motos y algunos trineos; alrededor de la carpa la nieve subió hasta un metro.

Durante todo ese lapso estuvimos atentos a cualquier mejoría, pero ésta no se dio hasta el día 24 de Diciembre, en que pudimos salir y reiniciar la marcha. A las 23:50 hablamos por teléfono con nuestros familiares y después del tradicional brindis partimos hacia los 83º de latitud S.



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