África, o la supervivencia como rutina


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Federico Ferrero

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Muy lejana de la visión aventurera y expedicionaria que tenían y siguen teniendo algunos occidentales amantes de los safaris sobre el continente africano, vivir en el continente más pobre del planeta va mucho más allá de la caza y las tribus guerreras, es una lucha continua por la supervivencia más básica.

Las prioridades de la mayoría de los africanos son, como las de cualquier superviviente ocasional, la obtención de agua potable y alimentos. La aridez y la sequía crónica que acosa al continente hace que el agua y la vegetación sean escasas, y por lo tanto falte lo básico para poder cultivar. En el mejor de los casos existe una cosecha anual de algún tipo de cereal que no precise mucho agua para su cultivo, como el mijo, y con eso y (si hay suerte) la ayuda del gobierno local o alguna asociación internacional humanitaria, deben arreglarse muchos africanos.

Esto se traduce en que (también con suerte) la gente tiene dos comidas de sus cereal básico al día. A esto hay que sumarle la imposibilidad de tener combustible para cocinarla, ya que la leña (el único y fundamental combustible por excelencia en el tercer mundo) es también difícil de conseguir en África por la misma razón por la que escasea el agua: la desertificación avanza cada vez más de la mano del cambio climático.

Este cuadro se ve complicado por la existencia de enfermedades infecciosas, de las cuales la más grave, difundida y conocida es el SIDA. La falta de educación con su alto índice de analfabetismo, hace que poca gente conozca siquiera qué es esta enfermedad, y de los que la conocen o la padecen concientemente, muchos la atribuyen a un castigo devino, y no a un hecho sanitario independiente del humor de los dioses. Las personas, una vez contagiadas (sobre todo las mujeres), suelen ser discriminadas socialmente convirtiéndose muchas veces en verdaderos parias sociales que no tienen donde vivir.

La desnutrición, el hambre y la deshidratación crónica son los mayores enemigos. Sus consecuencias asociados son las enfermedades por debilidad y bajas condiciones higiénico-sanitarias. Contra todo esto debe sobrevivir un niño medio en África.

Las tradiciones tribales que hacen de la mujer la que tiene todas las obligaciones (conseguir leña y agua, cocinar, criar a los hijos, etc.) pero carece de la mayoría de los derechos (como ir a la escuela o casarse con quien deseen) unidas a prácticas como la ablación (mutilación del clítoris o de parte de los órganos sexuales femeninos) complican todavía más el panorama cultural.

La falta de trabajo y educación, la falta de alimentación y medidas sanitarias básicas, junto a costumbres y tradiciones retrógradas, hace de los pobladores que sobreviven en África los mayores supervivientes del planeta. Las razones de todo esto no dejan exentos de culpa y responsabilidad a los que viven bien en otros continente, luego de haber colonizado y explotado el suyo, de generar o agravar el cambio climático día a día, y quizás incluso de haber contribuido a generar o transmitir por primera vez muchas de las enfermedades infecciosas que acosan a los africanos.

Recordemos esto al intentar justificar los derroches navideños en nombre de la justicia divina o del dios del consumismo. Al quejarnos por que pequeños dolores que nos aquejan. O al repudiar la inmigración que llega desde África, sin más, como si de una plaga sin sentido se tratara.

Nosotros, como supervivientes voluntarios (aunque no siempre) del otro lado del mundo, tenemos que reconocer que por mucho que sepamos en la teoría o en la práctica, no sabemos nada al lado de aquellos que (simplemente por haber tenido la mala suerte de nacer en el lugar y en el momento equivocado) no tienen la posibilidad de ver la supervivencia como una opción o una negra posibilidad a futuro, sino como la realidad de todos los días, como la rutina con la que luchar o morir.

Desde Andinia vaya nuestro máximo respeto y ayuda, aunque más no sea empezando por estas líneas de reconocimiento y vergüenza ante las injusticias de este mundo mal repartido.


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